Por Luz Marti
Inés Bonadeo tiene treinta y seis años y es joyera. Sus piezas se inspiran en la naturaleza, en plantas a las que le permite crecer libres para adornar a sus clientes con una belleza limpia y contundente que esconde un tenue toque lúdico.
Inspirada siempre en la naturaleza, su última colección, Tenaz, remite a la “sagacidad de las plantas” que menciona Roberto Bolaño en sus Detectives salvajes.
Su taller en Villa Crespo custodia celosamente clasificados los regalos que parientes y amigos le traen de sus excursiones y paseos: hojas, plumas, ramitas, flores secas, cáscaras de nueces, espinas de acacias, semillas, bellotas. Un sinfín de cajones y cajas repletos de material precioso que luego, combinado de las formas más inesperadas, podría formar el nido de un pájaro o convertirse en partes de sugestivas coronas, tocados, pulseras o prendedores.
Cantantes y actrices se han enamorado de sus piezas, como la española Maribel Verdú, que lució unos aros-rama en la película Sin hijos de Ariel Winograd, o la cantante y performer Marilina Bertoldi que las mostró hace poco, en un Luna Park lleno de fans que deliraron por sus temas.
Contactamos a Inés desde Venecia, de regreso de dos ferias que la convocaron: AUTOR, en Bucarest, Rumania (una de las más importantes de joyería contemporánea artística de Europa, junto con Contemporania Barcelona y SIERAAD, Amsterdam) y la Slovenian Jewelry Week en la galería DRAT de joyería contemporánea en Izola, Eslovenia.
¿Cómo es TENAZ, tu última colección?
TENAZ quiere ser como las plantas: irrumpir, persistir, adherirse y transformar. Presenté una colección de cuarenta y tres piezas unisex trabajadas en plata, bronce y alpaca. Una combinación de superficies muy lisas, pulidas, con elementos de la naturaleza fundidos en metal. Lo orgánico irrumpe, perfora esas superficies y logra entrometerse. En la feria vendí muchas de ellas, que pueden usarse de diferentes formas y contextos. Me alegró que las eligiesen y, sobre todo, que cada cliente lo hiciera porque conectó mucho con el mensaje y el espíritu de la colección.
Contanos un poco acerca de estas ferias ¿Son las primeras a las que vas?
Siento que AUTOR fue para mí el inicio de una nueva etapa con mayor apertura a lo internacional y colaborativo.
¿Te deslumbró algún artista?
En una hora salgo para Verona a visitar a Rita Martínez, una joyera que conocí en la feria y me invitó a conocer su taller. Me deslumbraron los trabajos increíbles de Deelyn (UK) Taibe Palacios (Chile) Ella Nord (Austria) y Wenyin Jiang (China)
¿Cuánto hace que te dedicás a esto?
Empecé cerca del 2015. Mientras estudiaba Ciencias de la Comunciación en la UBA hice un curso de joyería con María Medici. Siete años de trabajo como asistente de Marta Minujin me inspiraron para montar mi propio taller, trabajar mucho, estudiar siempre e ir definiendo mi estilo. Después de recibirme, ya me dediqué a esto full time.
¿A qué asociás tu elección de la botánica? ¿Hay algo familiar que te una a la naturaleza?
Según mi madre he logrado hacer de mis juegos de niña una forma de vida. Desde que tengo memoria que voy por ahí paseando, juntando “tesoritos” y armando composiciones con ellos.
Me crié yendo mucho al campo, caminando por las sierras y charlando con mi abuela acerca de la historia del arte. Vendí collares en la playa, en la escuela y ahora en mi taller.
¿Cómo son tus compradoras? ¿Les gusta lo fantasioso de tus propuestas? ¿Son un poco aventureras?
Mis clientes me sorprenden constantemente. Siempre creo haber entendido sus búsquedas estéticas o sus preferencias y ahí me vuelven a sorprender. Diría que mis piezas “matchean” con personas sensibles, aventureras y con sentido del humor. Les gusta jugar con los accesorios, llevar piezas que se note que son hechas a mano por sus formas, imperfecciones y detalles. Me dan mucha libertad y también es muy lindo hacerles piezas a pedido.
¿La joyería es tu manera de expresarte?
Creo que si. Es una forma de expresar una idea que se puede llevar puesta. Me gusta ver cuando las piezas que hago cobran nuevos sentidos para sus portadores.
Contaste que tomás clases de pintura. ¿Hacer joyería es como pintar?
Tomé clases de dibujo con Victor Moser, y pienso retomarlas en cuanto pueda. Ese ejercicio me ayuda a pensar el hacer junto con el aprendizaje de procedimientos. Acumular saberes y experiencias nutren la creación, aunque, por ahora, me resulta muchísimo más fácil hacer joyas que pintar – confiesa riéndose, llena de entusiasmo y nos propone visitar su taller cuando vuelva a Buenos Aires.