Por Valeria Sol Groisman
Foto: @Megan Hustad
La cita es a las 12 del mediodía (11hs NYC) por Zoom. David Rieff (Boston, 1952), licenciado en Historia por la Universidad de Princeton, analista político, periodista, cronista de guerra e hijo de Susan Sontag ingresa a la hora exacta. Ni un minuto más, ni uno menos. De fondo, un montón de libros, la mayoría antiguos, que no se llegan a distinguir al detalle porque el lugar está bastante oscuro. Solo un rayo de luz entra por lo que supongo es un ventanal. Como un farol en la noche o un reflector en un teatro, el resplandor ilumina al entrevistado. Así comienza la entrevista. La cámara se mueve, presumo que está conectado a través de un celular. A Rieff se lo nota inquieto, justo en el intersticio que precede al origen de un diálogo con alguien desconocido, hasta que salen las primeras palabras.
No es su primera guerra, ha estado en varias. La primera, con su madre a los veintipocos. Luego hizo de una de las inquietudes intelectuales de su madre (la propia Sontag viajó a territorios en disputa en varias ocasiones y convirtió esas experiencias en textos que ya son célebres).
Rieff es autor de los ensayos Elogio del olvido, Una cama por una noche, El oprobio del hambre, Contra la memoria y A punto de pistola. También escribió Un mar de muerte, donde narra los últimos meses de vida de Sontag y ahora presenta Obra imprescindible, una antología que incluye fragmentos de la obra autobiográfica de su madre, así como capítulos de sus novelas y sus ensayos más icónicos. Para él, esta es la antología “definitiva”. En el prefacio, que lleva su firma, habla de su madre sin caer en el vínculo afectivo: su propósito es homenajear su obra. “Susan Sontag desde la mirada de David Rieff”, dice que así podría definir al conjunto de textos que compone el volumen.
Hablemos del presente y de tu experiencia en el frente en Ucrania. ¿Notás alguna similitud entre esta guerra y otros conflictos bélicos en los que hayas estado?
No hemos visto una guerra de esta proporción, una guerra clásica, en este siglo. He trabajado en muchas zonas de guerra. En África, por ejemplo, pero no son guerras con los elementos clásicos militares. No hemos visto esto en Bosnia o Ruanda. Acá no sabemos quién va a ganar y en esto regresamos a la idea de guerra clásica. En Afganistán o en Irak nadie hubiese pensado que Estados Unidos no iba a derrotar a Saddam Hussein. Lo sabíamos desde el comienzo. Acá no sabemos. Esta es una guerra clásica en el siglo XXI. A esta edad me imaginaba jubilado, pero pasé unos días en la primera línea y voy a regresar pronto.
Es una dimensión importante, pero no tan clara. Por ejemplo, en el frente tal vez no haya agua, pero tenés Internet y podés hablar con tu amiga en Vancouver: la paradoja de esta época. No hay mediadores, no hay jueces. Y por eso vas a ver lo que querés ver. Hablás con gente que piensa como vos o estás peleando con los que piensan distinto, un diálogo de sordos. Podés ver todo. Por ejemplo, tenemos videos de Donetsk, un pequeño pueblo en el que se está librando una batalla ahora mismo, pero entender en el contexto de esta batalla con lo que circula en la web me parece difícil. Nietzsche dijo “no hay hechos, solo interpretaciones” (Sontag recupera esta idea y profundiza en ella). ¿Cómo interpretar los videos de Youtube o TikTok?
En ese libro yo propongo una alternativa a la sacralización de la memoria. No estoy en contra de la memoria histórica. No quiero reemplazar la memoria por el olvido como principio moral. Pero hay contextos en los cuales es mejor recordar y otros en los cuales es mejor olvidar. Digo olvidar como sinónimo de silencio público. Obviamente una persona que ha sido torturada o sus seres queridos han sido asesinados no va a olvidar. Pero el olvido, en el contexto del que hablo, es el silencio institucional. Y depende del consenso público. La memoria histórica puede resultar peligrosa en tiempos de guerra, por ejemplo, porque ahí sirve para movilizar a la gente, para el esfuerzo de la guerra, o también cuando no hay una victoria evidente de un lado u otro. La gran mayoría de las guerras no termina como una victoria clara y es en esos casos cuando la memoria puede ser utilizada para mantener el odio, el resentimiento, el deseo de venganza.
Sin dudas sería políticamente incorrecta. También digo en el prefacio que soy hijo y no un médium, pero obviamente ella nunca hubiese aceptado la centralidad de las emociones y la condena de la racionalidad de nuestra época.
Estaba entre dos mundos…
Para la vida es la mejor opción. Y en la intelectualidad también. Por eso digo que este libro es “Sontag según Rieff”, porque muchas personas quizás no compartan mi adulación de la ambivalencia.
Está la biografía de Moser. Yo nunca escribiría algo así. Para mí la obra debe hablar por sí misma. La obra es lo que importa. Lo demás le importa a las personas que la quisieron y al gossip. En cincuenta años a nadie le va a importar, por ejemplo, la ambigüedad de mi madre respecto de su sexualidad, pero su obra quizás sí.
Sontag sigue muy vigente, ¿no?
Parece que su obra es abordable en el siglo XXI, a pesar de todo lo que ha cambiado el mundo, a pesar de que estamos en un contexto diferente. El destino de un autor está en sus libros. En términos de tiempo geológico, todo será olvidado. Pero si pensamos en términos de décadas o siglos, hay autores que se pueden seguir leyendo y otros no, que son un objeto de museo. Por ejemplo, ¿vos podés leer a Roberto Arlt hoy?
¿Estás escribiendo algo nuevo?
Tengo la idea de escribir sobre Ucrania y publico reportajes en la revista Letras Libres. También hay una colección de Yale University Press que se llama Jewish Lives. La propuesta es escribir pequeños retratos de personalidades. Estoy terminando el de Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. También quiero escribir sobre el triunfo de la idea del trauma como principio organizador de la izquierda moderna. Hace muchos años, mi padre escribió El triunfo del dramático. Voy a retomar ese título, ese tema. Será un libro parecido a Elogio del olvido. Creo que será interesante. La guerra en Ucrania creo que va a continuar, así que, como dije, seguramente escriba sobre eso también. Cada libro es una enfermedad, como dijo Orwell. Es su propia enfermedad.
Qué lee David Rieff
Poca ficción, pero mucha poesía (en inglés y en español). También libros de historia, reportajes y filosofía. Me interesa la filosofía china e hindú.