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Mareados y en cámara lenta

Foto: IG @catherinebalet_artst 

Betina Fernández. Be Cult. Revista Be Cult. Mareados y en cámara lenta.

Por Betina Fernández (Psicóloga).

Cambian las cifras de infectados, de muertos, las decisiones políticas, las alianzas, cambia todo cambia. Ser plenamente conscientes de que ahora es ahora y que es lo único que tenemos también nos ayudará para lo que vendrá.

Dentro de todas las exigencias a las que estamos siendo sometidos como es el aislamiento forzoso, los cuidados preventivos, los malabarismos financieros, la decodificación del caótico y triste y desalentador bombardeo de información, nuestra cabeza tiene un trabajo aún mayor.
Nos vemos compelidos a reubicarnos en dos certezas necesarias, aunque probablemente no verdaderas, pero que nos ayudan a darle un sentido a nuestras existencias. No en un sentido filosófico ni con pretensiones grandilocuentes. Dos certezas cotidianas y universales: tiempo y espacio. Hoy zozobrando.
Empecemos con la coordenada del espacio. “¿Dónde estoy?” es la más fácil de responder. Estoy aislado. No por decisión propia y en muy variadas situaciones. Algunos están confinados a estar solos, otros confinados a compartir con gente que no hubieran elegido, algunos otros contentos con los compañeros de ruta en esta aventura. Las implicancias y consecuencias de este aislamiento y de no ser dueños de la decisión de dónde queremos estar se verán más adelante.
Es precisamente en relación a este “más adelante” donde yo ubico la tarea más difícil que se nos presenta. Y tiene que ver con la otra coordenada, la del tiempo.
¿Por qué la planteo como la más difícil para nuestra cabeza?. Porque es un proceso más silente, que no se realiza a nivel consciente, que a veces se nos escapa y que de lo único que tenemos registro es de sus consecuencias, por ejemplo, la angustia.
Empecemos con el pasado. Con relación a nuestro pasado, el pasado que nos conforma, en su acepción de darnos forma. En esta etapa nos invadirá.
Le pediremos protección y ayuda a nuestros padres o abuelos que están en el cielo, pensaremos en amigos o parientes que murieron hace poco y diremos “menos mal, mirá de lo que se salvó” o “¿qué hubiera dicho…?”, leeremos historia rememorando o buscando la experiencia de otras pestes o pandemias, buscaremos antiguas profecías. Aquí van ejemplos, un amigo está leyendo El Decamerón de Boccaccio, escrito en 1348 cuando regresó a Florencia y fue testigo de la peste. Una amiga me recomienda buscar en Malaquías y me habla de una cita que parece describir lo que hoy está sucediéndonos.
También nos arrepentiremos de las cosas no hechas y rumiaremos cosas parecidas a ese texto tan bonito que se llama Instantes.
Tendremos tiempo para revisar y re-versionar y reeditar nuestros recuerdos más íntimos, nuestras propias biografías. Deseo que en esta tarea todos puedan hacer una hermosa película de su propia biografía aunque piensen que no se corresponde con la realidad. Pero que en este revisionismo histórico al que nos vemos compelidos aprovechemos para suavizar nuestros recuerdos más traumáticos y resaltar los más bonitos. No como mecanismo negatorio ni de auto engaño sino para salir más livianos para lo que vendrá.

Betina Fernández. Be Cult. Revista Be Cult. Mareados y en cámara lenta.

Bansky

En relación al presente puedo decir que se hace carne y se realiza, aunque lamentablemente de una manera violenta, esta máxima que reza que “lo único que tenemos es el presente”. Este presente continuo que hoy obliga a nuestra cabeza a un cambio de escenario discursivo tan intenso que hasta el más reacio a las teorías del aquí y ahora repite con resignación “esto es ahora, en un rato todo puede cambiar”. Cambian las cifras de infectados, de muertos, las decisiones políticas, las alianzas, cambia todo cambia. Ser plenamente conscientes de que ahora es ahora y que es lo único que tenemos también nos ayudará para lo que vendrá.
Ahora en relación al futuro por venir. Es lo que más nos atemoriza porque es lo más incierto. Intuimos que en el futuro inmediato habrá mucho dolor, pérdidas de todo tipo, sublevaciones y resignaciones. Se detuvieron planes de vacaciones, decisiones vitales, proyectos laborales y personales sin fecha de vencimiento. ¿Cómo hacemos para sobrevivir cuando se nos borra de un plumazo y se suspende como congelado el futuro, el porvenir?
La invitación que se nos plantea, sin posibilidad de declinarla o rechazarla es la de la hoja en blanco del futuro. Es la más difícil para nosotros. Es la que más padecemos sin saber qué hacer.
En vez de un por-venir ahora tenemos un qué-vendrá. Es en esta nueva denominación casi interrogativa del futuro que no hay lugar para las certezas postuladas a las que estamos acostumbrados. Formas de vincularnos, formas de poseer, compañías de seguros y compañías de reaseguros.
Pienso que después de que esto pase habremos experimentado que nuestras certezas son tan relativas como las coordenadas de tiempo y espacio, que los reaseguros sobre los que construimos tan débiles como castillos de arena y que nuestra sociedad en búsqueda de perfeccionarse constantemente todavía no encontró respuestas.
Deseo que cuando salgamos de esta situación psicodélica, de mareo absoluto construyamos algo realmente fausto, que honremos la vida y que seamos felices.

Algunos están confinados a estar solos, otros confinados a compartir con gente que no hubieran elegido, algunos otros contentos con los compañeros de ruta en esta aventura.
Se detuvieron planes de vacaciones, decisiones vitales, proyectos laborales y personales sin fecha de vencimiento. ¿Cómo hacemos para sobrevivir cuando se nos borra de un plumazo y se suspende como congelado el futuro, el porvenir?

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