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Componer es Compartir

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Por Antonio Birabent

Este 27 de noviembre  Moris y Antonio Birabent, padre e hijo, presentaron un nuevo single “Porque el sol” en Spotify y YouTube. De cómo es escribir canciones entre dos conversa en esta nota Antonio con Moris y Ariel Minimal.

Componer es formar algo, adecuar piezas para que encajen entre sí. Pocas definiciones más precisas que esta para la utilización musical del verbo “componer”. Poner cosas juntas para que suenen bien.

Llevo casi una vida haciéndolo, incluso antes de saber tocar la guitarra, resolviendo lo que quería transmitir en la cabeza, que es sin duda la máquina compositiva más perfecta que hay (a veces creo que cuando entra el instrumento algo se pierde y se complica de más, porque la cabeza sigue siendo el mejor transmisor musical. La Máquina: la música resuena en la cabeza).

Moris y Antonio Birabent

Cuando la composición, el acto de componer, es en solitario todo depende de una sola sensibilidad. Es más fácil y también más repetitivo. A todo eso se le llama el estilo. Esta en Bob Dylan y en Atahualpa Yupanqui.

Componer con otro es un mundo aparte.

Si bien la mayoría de los discos que grabé tienen composiciones que hice a solas (“a solas” siempre es relativo, el entorno las compuso conmigo), hay varios discos y temas que escribí con otros. De hecho tengo un disco entero Hijos del Rock   con 17 canciones en coautoría con algunos músicos muy conocidos (León Gieco, Kevin Johansen o Mex Urtizberea) y otros que no eran tan cercanos para el público. Fue una experiencia tan rica como agotadora: llamar a alguien para que simplemente cante no se compara con el hecho de escribir de a dos una canción que antes no existía.

En estos días estoy armando dos discos que también compuse con otras personas, uno se llama La Última Montaña. Va a estar listo antes de fin de año y lo componemos y cantamos a medias con Moris, mi padre. Ya hace diez años hicimos otro disco (Familia Canción) con la misma premisa: diez canciones nuevas escritas entre los dos.

El otro es el disco debut de Las Lenguas Muertas, la banda que armamos con Ariel Minimal. Con él compusimos quince canciones durante tres meses de una forma muy curiosa y metódica: todos los miércoles nos juntábamos un par de horas y dejábamos lista una canción con letra y música. Antes de la pandemia hicimos nuestro único concierto (Claudio Leiva en batería y Marcos Rocca en bajo completan el cuarteto) y estamos cerca de terminar de grabar el álbum entero.

Las Lenguas Muertas – Agrupación formada por  Antonio Birabent y Ariel Minimal

Comparto, a raíz de toda esta idea sobre componer (¡que básicamente es compartir!) algunas palabras que en estos días intercambié con Moris y con Ariel Minimal sobre estas aventuras de papeles, lápices y guitarras en comunión con otro.

Ariel: “La composición la veo unida a lo lúdico. No es un trabajo para mí, sino que me entrego al placer de componer. Lo interesante es que cuando jugás con otro, se abren otras situaciones, te abrís al universo de la otra persona. Componer es íntimo. Entonces, hay mucho de confianza, cariño y entrega cuando se hace en coautoría. Como en toda relación, hay que estar dispuesto a ver desde los ojos del otro y expresarte desde las palabras del otro. Cuando escribís de a dos, todo se vuelve algo más impersonal, más universal, se transforma en otra cosa: nueva”.

Moris: “Componer solo es solamente poder consultar con uno y con el silencio de la birome sobre el papel y acudir a tu única memoria y tus anotaciones en servilletas y contratapas de libros. Componer con otro admite sugerencias, correcciones y lleva a los dos a aceptar otro punto de vista, como un espejo mental o intelectual, un espejo compartido. Me es más fácil agregarle música a una letra, más si me convence y me atrae o me une algo con quien la escribió. Ese orden me resulta más natural. Las letras si me tocan alguna fibra me sugieren una música. Al revés me resulta muy difícil”.

Ariel: “Trabajé con escritores amigos como Hernán González o Fabián Casas a los que les musicalicé textos respetando puntos y comas, y también me ha pasado con ambos de componer juntos letras y en este caso el proceso tiene algo de lo lúdico a lo que me refería antes y de lo que nosotros estamos haciendo con Las Lenguas Muertas. Tengo un lugar muy cálido en el corazón para este proyecto y rescato el gesto que tuviste de invitarme a tu casa a tomar mate y a tocar la guitarra, y me hace pensar otra vez en lo lúdico. Como cuando éramos chiquitos y un amigo tocaba el timbre de casa y decía “señora, ¿puede salir Ariel a jugar con nosotros?”. Así fue nuestro caso: automáticamente nos pusimos vos y yo a componer, que es como jugamos los que hacemos canciones”.

Moris: “En Familia Canción le agregué música a letras de Antonio y él hizo lo propio. Tuve que adaptarme a ritmos nuevos, otras respiraciones y eso me sacó del caminito que uno recorre por costumbre, repetición y estilo. En este nuevo disco, La última montaña, empezamos escuchándonos las letras por teléfono y Antonio me propuso empezar a grabar. Después mezclamos influencias, aunque las voces conservan, claro está, la manera y el tono de cada garganta. Es una alegría estar compartiendo este disco y espero que sea bien recibido”.

Compartir. Recibir. Verbos claves para entender este viaje. Compartir con colegas y también con los que escuchan. Confiar en que alguien esté dispuesto a escuchar, a recibir, a completar desde el otro lado. La acción de la máquina receptora.

Entre tantas cosas que parecen tan bien explicadas, o supuestamente tan definidas, componer sigue siendo un misterio.