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Poesía: Manuel Vázquez Portal (Cuba)

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Con tantas lluvias al lomo

El circo que ha partido

Nadie ha salido ileso
mural de cicatrices la piel y las miradas
paisaje tras el circo que ha partido
el viento que arrolla serpentina,
viejos papeles yertos.

Nadie ha salido ileso
ni el mártir ni el verdugo,
la víctima ni el héroe.

Llega una melodía a hurgar en el recuerdo
y todos los recuerdos son esa melodía
las nostalgias dispares se disparan.
Hay un poeta triste recostado a un horcón de la tarde
y la tarde es un hueco
el poeta un rostro que ha perdido su rastro

El traje que vestimos mañana
aún está sin lavar
la bandera flotó sin lavandera
sobre una hoja muerta se salvan las hormigas.

Nadie ha salido ileso
tramontar espejismos fue el sendero
andar a tropezones
por auroras que nunca amanecieron.

Y mientras pasa el día

Aquí, de barba blanca y de mirada ausente,
pasos trastabillantes, memoria de agujeros,
miro la flor bellísima, cuento los aguaceros
y mientras pasa el día, un recuerdo me miente.

En él soy un muchacho engreído y valiente,
voraz en los amores, temerario en senderos
que, por llegar; llegaba, siempre entre los primeros
con el pecho inflamado, por las nubes la frente.

El pasado es hermoso visto desde estos ojos
que miran con piedad mi cúmulo de errores
y ponen carcajadas donde solo hubo enojos.

¿Traicionan los recuerdos? Claro que no traicionan,
solo se van limando las penas, los horrores
que al escapar los días en el pecho eclosionan.

Transeúnte

Disfruto este segundo,
frágil perpetuidad que un alfiler sujeta,
y se desprende
sin consultar siquiera.
Lo gozo sin medir su enorme brevedad
su veloz permanencia 
cuando besa mis labios
y deposita en ellos
mi flaco recorrer, mi magra historia.

Soy suspiro que dura
lo que dura un suspiro.
Pertenezco a la estirpe
que a nada pertenece

Amo la soledad
cosmos que en mí barbulle,
me divide y reparte
me asuela y me reintegra.
Nada me falta en ella
soy tú,
nosotros,
ellos
ese pájaro alegre que escapa por tus ojos,
esa brizna tenaz con que el viento no puede
el baile de las olas que en espuma
su amor por el cantil pone en mi pecho
y me permite ver
en la distancia mis quereres.

Y venero el silencio
elevado escalón de toda algarabía
que me admite escuchar la música más prístina
si las estrellas juegan como niños felices
y me invitan a un baile
que no requiere máscaras.

Admiro mi regreso
¿hay acaso un regreso?
O todo ha sido andar por un cuarto de espejos
un arroyo menguado que solo en la memoria
tiene cause
un yo multiplicado
y reducido a nada
unas alas de cera
la cúspide abismal de todas las caídas
la sima que hasta el cielo me llevaba.

Junio

El cielo viste de un paño
como de llantos tejido
¡Mi madre! Cómo ha llovido
en la cintura del año.
Un irisado rebaño
de charcos juega en la tarde.
Hojas de gesto cobarde
se desprenden de la fronda
y la nostalgia se ahonda
sin nadie que la resguarde

Pareciera que he tenido
una visión de diluvio
y con el húmedo efluvio
el alma se me ha encogido
Pero es tanto lo perdido
y tan poco lo que resta
que cuesta subir la cuesta
con tantas lluvias al lomo
Preguntando: ¿cuándo, cómo?
Y sin ninguna respuesta.

De espalda a los caminos

            Sobre el lomo cerrero de las olas
            una isla balsera va al galope
            deshije torrencial que la vacía.

            Se ha enfermado el palmiche
             ha muerto la tojosa.  

            El paisaje es un niño extraviado en la lluvia
            que ignora si la madre vendrá para parirlo.

             Unos ojos seniles gastados de mirar
             el horizonte que jamás fue alcanzado.

            La ruta hacia mañana
            angosta guardarraya sin destino
            que se cierra de golpe.

            Sueños que no comienzan sino en otra ribera
            ilusiones que explotan tan sólo de mirarlas
            alas que son muñones.

            Cetrino amanecer sin arcoíris
            cetrino anochecer sin titileos.

            A dónde van los pies
            que nacieron de espalda a los caminos.

Romance del descreído
                    Que la vida iba en serio

                     uno lo empieza a comprender más tarde.

                                                  Jaime Gil de Biedma.

Que no es de broma la vida
 -briosa yegua sin freno-
hasta que no se ha domado
ninguno llega a saberlo.

Que los abuelos son sabios
 y hay que escuchar sus consejos:
¡buena trampa! Seguro se venderían
si de verdad fueran buenos:
cada cual con cicatrices
va bordando su sendero.

Que la más bella se va
siempre con el más fullero
y a la menos agraciada 
la casan sin muchos vuelos. 

Que si no sabes ganar 
te toca poner el muerto 
y aunque no sirva de nada
es grato llegar primero.

Que el cheque gordo lo toma
quien no depende de un sueldo
y el pobre ratero paga
lo que se roba el banquero.

Que se cubre el mandamás
siempre con el mismo cuento
y cuando mete la pata, 
el soberano es el pueblo.

Que para tener amigos
debes tener algún credo:
católico o comunista
-no importa- pero en secreto
urdir aquello que en público
le conviene más al gremio.

Que la patria no es legado
directo de los abuelos
y has de andarte con cuidado
para no enfadar al dueño.

Que la bandera es un trapo
conque se enturbian los cielos
y no merece la pena 
por ella ponerse en riegos.

Que la medalla no siempre
se la otorgan al guerrero
y en el pecho más servil
la vemos brillando luego.

Que la vida no era broma
-y tampoco muy en serio-
sólo se llega a entender
cuando ya no importa un bledo.

Manuel Vázquez Portal

(Morón, Cuba, 1951) es poeta y periodista, licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana y Cubana por la Universidad de Santa Clara, Cuba. Fue profesor de enseñanza media, asesor literario del Ministerio de Cultura y periodista en diferentes medios estatales cubanos. Obtuvo varios premios entre los que se destacan los de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC, 1984), La Edad de Oro, 1985 y 1993, del Ministerio de Cultura y el Premio Abril de la editorial del mismo nombre. Publicó en Cuba los libros Del pecho como una gota, A mano abierta, Cantos iniciales, Un día de Pablo y Cascabeles. En Estados Unidos dio a conocer su poemario Celda número cero y en Italia Cambio de celda. En Argentina, España e Italia publicó su libro Escrito sin permiso. En Miami ha publicado su poemario Velo de cristal y su novela Un amor en los ochenta. En 1995 ingresó en la agencia de prensa independiente CubaPress y más tarde fundó el Grupo de Trabajo Decoro, el que presidió hasta su encarcelamiento. En abril de 2003, el Tribunal Provincial de Ciudad Habana lo condenó a 18 años de cárcel por ejercer libremente el periodismo y, en junio de 2004 consiguió una “licencia extrapenal” por razones de salud, gracias a una campaña internacional por su liberación emprendida por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Mientras estuvo en prisión recibió el Premio Internacional de Libertad de Expresión del CPJ y el Premio Internacional de Libertad de Expresión “Hellman Hammett” que otorga Human Righ Watch
Actualmente vive y trabaja fuera de Cuba.
Ediciones Iliada acaba de publicar su libro, , “Con tantas lluvias al lomo”, en su Colección Marejadas.