Tamara Trottner nació en Ciudad de México en una familia judía. Cuando tenía apenas cinco años, el papá de Tamara, con la complicidad de sus abuelos y su tía, la secuestró junto con su hermano mayor. Durante dos años, los tres recorrieron varios países mientras su mamá los buscaba con desesperación. El detonante fue el descubrimiento de infidelidad de su esposa. Corrían los años sesenta.
Valeria Sol Groisman
En Nadie nos vio partir, que fue adaptada por Netflix con la dirección de Lucía Puenzo, Trottner narra toda esa historia íntima en la que los escondites, el miedo y la incertidumbre se anclan en la mirada de esa niña que alguna vez fue: “La mesa es redonda. De caoba. Cabe apenas un teléfono gris de disco. Miro hacia arriba, a esta edad todo se mira hacia arriba. Mi hermano y yo escuchamos angustiados las palabras que nuestro padre dice al auricular. Yo paseo la mirada de uno al otro sin entender muy bien lo que sucede. Acabo de cumplir cinco años. Este es el último día de mi infancia”.
Autora también de Pronunciaré sus nombres, una suerte de precuela de Nadie…, Trottner dialogó con Be Cult acerca del éxito de la serie, de su nuevo proyecto literario y de cómo logró perdonar a su papá y construir un vínculo sin etiquetas.
VSG: ¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?
TT: Más que una idea, fue una necesidad. Creo que los escritores escribimos porque no podemos no escribir, tenemos esta necesidad de comunicar. Yo ya escribía desde mucho antes de publicar la novela, pero, obviamente, esta historia la tenía yo en ebullición adentro, había yo tratado de escribir otra versión en donde fuera menos evidente la familia, la historia personal. Y no funcionó. Un editor que se llama Ramón Córdova. Se llamaba, ya murió Ramón Córdoba, que era algo así como el Dios de los editores, la leyó y me dijo: “Tienes una gran pluma, pero un escritor que no se desnuda no merece ser leído”. Entonces dije: tiene toda la razón. Así fue que tomé la decisión de escribir la historia y voy a hacerlo (como debe hacerse).
VSG: ¿Hubo previamente una especie de diario o un texto borrador en el que vos ibas anotando lo que recordabas?
TT: No. Lo que pasa es que yo le platicaba la historia a todo el mundo, algo que cuento en la novela. Se la contaba a mis amigos, a mis novios, a todo mundo le platicaba la historia. Entonces ya la tenía muy, como muy contada, como que sabía dónde estaban los hechos y demás. Y luego, conforme la fui escribiendo, fueron apareciendo, es curioso, como cuando escribes, de pronto se prenden lugares en la memoria que no sabías que existían, pero ahí están. Fui recuperando otros recuerdos.
VSG: Hay un concepto que a mí me gusta mucho que es el de recuerdo prestado, o sea, cuánto hay de recuerdo tuyo y cuánto de lo que te contaron sobre lo que te ocurrió.
TT: Por supuesto, existen las memorias prestadas. Estoy segura de que ahí están, pero no te podría decir cuál es cuál. Porque creo que una vez que la memoria prestada se vuelve tuya, pues ya se vuelve parte de la memoria, entonces no sé.
Evidentemente, una niña de 5 años no recuerda muchas cosas, pero también una niña de 5 años, cosas muy fuertes, los momentos muy fuertes, pueden quedar grabados. Por ejemplo, recuerdo perfecto el momento en Francia, cuando mi mamá llegó por nosotros. Lo recuerdo muy vívidamente. Entonces sí siento que tengo muchos recuerdos propios que quizá han sido inventados o enriquecidos con los prestados. Hay una mezcla.
VSG: ¿Qué recordás del momento en el que dejaste tu casa con tu papá y tu hermano?
TT: La verdad es que en ese momento, como mi papá ya nos había dicho “nos vamos a ir de viaje, el fin de semana vamos a Valle de Bravo”, pues ya estaba como asumido, ya llevábamos nuestra maletita de ropa. Ya estábamos juntos y ya íbamos. En ese momento pensábamos que íbamos un fin de semana a Valle de Bravo. Cuando llegamos al avión fue: ¿por qué en avión? Entonces mi papá nos dice: vamos a hacer un viaje más largo, va a estar increíble. Creo que como niña le crees a tu papá, le crees a tu papá lo que te está diciendo. Y si te dice, guau, está increíble, nos vamos a ir de viaje, le crees. Mamá luego nos va a alcanzar, no se preocupen, dijo.
Dos imágenes de Tamara en su niñez: en un cumpleaños y con su perro Oso
VSG: ¿Y cuál fue tu quiebre? Como niña, ese momento en que empezaste a pensar, bueno, esto es raro.
TT: Así empieza la novela. No sé si recuerdas la mesa redonda, el teléfono gris, ese es el momento de quiebre. Esa llamada sucedió. Esa escena se repite seis veces a lo largo de la novela. Ese es el momento en el que me pregunto por qué mi mamá me dejó de querer, ¿qué hice?
Creo que los niños nos culpamos a nosotros. Cuando algo así sucede sientes que tu papá está enojado. Dices: ¿qué hice mal? Entonces ese creo que es el primer momento en el que me lo digo. Ese es el último día de mi infancia, porque creo que es justo el momento de quiebre.
VSG: ¿Te considerás una mujer resiliente, positiva?
TT: Mi mamá es una mujer espectacular. Es una mujer maravillosa. Además, es una mujer muy inteligente. Entonces, desde que mi hermano y yo entramos otra vez a su casa, fue: “Ustedes no son víctimas”. (El mensaje era) esto que les pasó es una experiencia más, vamos a seguir adelante. Luego, ella y Carlos (su segundo marido) hicieron una pareja divina. Entonces vivimos en una casa que era una casa muy linda, muy normal, muy amorosa. Carlos nos dio todo el amor que se le puede dar a hijos. Nos trató como hijos siempre, entonces yo creo que eso ayudó muchísimo. Y poco a poco, yo me fui dando cuenta, ya un poco más grande, pero me fui dando cuenta de que, gracias a esa historia, soy esta que soy hoy, no a pesar de esa historia, y eso creo que es lo más importante. O sea, yo agradezco (haber vivido) esa historia porque sé que esta que soy hoy me gusta. Me gusta quién soy. Me caigo bien. Me gusta como soy como mamá, como esposa. Y eso es gracias a esa historia que viví.
VSG: ¿Y con tu papá? ¿Qué pasó?
TT: Obviamente tuve enojo con mi papá durante algún tiempo. Él trató de verme cuando tenía 13 años. Nos encontramos. Yo no quería nada que ver con él, ya no quería que me moviera nada. Yo ya estaba en una familia con papá, mamá, hermanitos, todo bonito. Ya no quería que llegara mi papá a irrumpir en esta normalidad entre comillas.
Con su hermano
VSG: ¿Y luego? ¿Cómo fue tu encuentro con él cuando tomaste la decisión de retomar de alguna manera el vínculo?
TT: El reencuentro fue muy lindo. Yo decidí ir a buscarlo, me hubiera encantado que en la serie saliera eso.
Nos fuimos a comer, empezamos a platicar. Una plática, así como un poco superficial. Y yo le dije, sabes que no, o sea, la verdad es que pues, papá ya no fuiste porque pasaron demasiados años. Ya esa figura paterna ya no. Amigos, no necesito, tengo muchos amigos, pero alguna fórmula tendríamos tú y yo que encontrar para llevar una relación, y la encontramos. No existía el Whatsapp. Entonces nos mandábamos correos electrónicos. Dos o tres veces a la semana. Él me platicaba cosas. Yo le platicaba otras cosas. Y empezamos a entablar una relación muy abierta, muy linda, muy de perdón. Luego lo fui a visitar. Él Vivía en Atlanta. Lo fui a visitar algunas veces. Él venía a México una o dos veces al mes. Entonces también nos veíamos. Y hasta el día que murió, tuvimos una relación realmente linda, cariñosa.
VSG: ¿Llegó a leer la novela?
TT: Mi papá murió justo en 2019, unos meses antes de que saliera la novela. Él ya sabía que existía esta novela, pero tenía Alzheimer, estaba ya con demencia, entonces ya nunca la pudo leer.
VSG: Contame acerca del proceso de adaptación del libro a la serie…
TT: Cuando Netflix se acercó a mí para comprarme los derechos lo primero que me dijeron fue que tienes que entender que el lenguaje literario y el lenguaje audiovisual son muy diferentes. Cuando firmas es un contrato en donde ellos tienen derecho absolutamente en todo, todo. Sin embargo, cuando entró Lucía Puenzo (la directora), yo ya la admiraba mucho, me parece una mujer extraordinaria, y con ella empecé a tener una relación muy linda. Estábamos en Whatsapp, en un chat, y todo el tiempo ella me preguntaba cosas. Yo le contestaba. Hubo ciertas cosas del guion que logré pelear, que no me gustaban y las logré cambiar. Hubo otras que no, por ejemplo, toda la parte del hospital.
Es una parte que no existe en la novela, que no existió en realidad, sin embargo, pues, generaba interés.
Por eso, Lucía de entrada me dijo: Tamara, a mí no me gusta adaptar las novelas a las series exactas, al ser lenguajes distintos siempre sale ganando la novela. A mí lo que me gusta es cambiar el punto de vista, y es lo que ella hizo: la novela está narrada desde el punto de vista de la niña y en la serie es el punto de vista de los papás. Entonces, al cambiar ese punto de vista, cambian muchas cosas.
VSG: ¿De qué manera convivís hoy con la idea de adulterio?
TT: Yo en algún momento le pregunté a mi mamá: ¿no te arrepentiste? Porque sí le dieron la oportunidad de regresar con mi papá. Aquí se olvidó todo. ¿no? Y me dijo: para mí no era posible vivir sin Carlos y sin ustedes. Es decir, yo tenía que luchar por las dos cosas. Y la verdad es que el amor de Carlos y de Valeria es el amor más increíble que yo he conocido en mi vida. Y mira, llevo 39 años de casada con un hombre extraordinario. El mejor hombre que te puedas imaginar. Y, sin embargo, la manera en la que Carlos miraba a mi mamá. Yo nunca he visto a nadie mirar así. Yo creo que todos quisiéramos algún día la vida ser vistos así. Entonces, yo creo que cuando vives un amor tan intenso y te das cuenta de lo felices que son, dices, bueno. Si el adulterio es pecado, aquí el pecado hubiera sido que no estén juntos, que desperdicien eso, porque existen muy pocos amores así en este mundo. Vale ese amor. Entonces, como que lo fui viviendo así desde muy chiquita. Entiendes las cosas desde el corazón, no desde la cabeza.
VSG: ¿Estás trabajando en algo nuevo?
TT: Tengo otra novela que se publicó el año pasado, que es un poco la precuela de Nadie nos vio partir, porque es la historia de mis abuelos y de todas aquellas personas que tuvieron que salir de Europa, emigrar. Los que en la primera mitad del siglo veinte llegaron a Argentina, los que llegaron a México, los que llegaron a Cuba, a Nueva York.
Ahorita estoy escribiendo otra que ya no tiene nada que ver con mi historia familiar. Es una historia diferente, transcurre en 1570, es también un poco la explicación del mundo judío, las expulsiones, por qué estamos hoy donde estamos, Mucha gente no lo entiende. ¿Por qué Israel? ¿Por qué hoy esta necesidad de Israel? El presente no puede ser explicado sin el pasado.
VSG: ¿Cómo viviste el 7 de octubre como escritora mexicana y judía?
TT: Híjole, tremendo. No podíamos creer las imágenes que veíamos. Y todo lo que sucedió después. Es un conflicto terrible. Porque, por supuesto que estoy con Israel, soy judía, me duele. Por supuesto que entiendo la necesidad de que el Estado de Israel siga vivo para todos los judíos del mundo, porque sabemos lo que pasa cuando no existe un Estado. Y, sin embargo, lo que sé lo que hizo Netanyahu me parece, bueno, atroz. Ha sido un conflicto fuerte. Ha sido un conflicto fuerte, incluso dentro de mi familia, porque lo peleamos mucho. Ya sabes, mis hijos son como muy radicales en contra de (Benjamín) Netanyahu (primer ministro israelí). Nosotros tratamos de ser un poco más intermedios.
VSG: Y como escritora judía, en algún momento te costó hablar o aparecer en un festival o que te inviten a una feria? ¿Sentiste en algún momento algún tipo de silenciamiento?
TT: Mira, se siente la agresión. Muchas veces es una agresión pasiva.