Sin respiro

Estuvimos en Venezuela. En el corazón del desastre. Se escribieron tres crónicas en terreno. Tres miradas que nos hablan de ese momento en que se cortó la tierra, en que se cegaron miles de vidas y que temblaron rutinas públicas y estatales que se habían establecido los últimos años. Allí fuimos a reflexionar sobre un drama que continúa, sobre un desastre que también posee momentos luminosos: la solidaridad, las manos peladas por buscar personas y la ayuda incasable de los rescatistas extranjeros.

Esteban De Gori

Esteban De Gori

II

La guerra con la que coqueteaban Maduro y Diosdado Cabello llegó. No provino de ninguna potencia militar, sino de la tierra y sus fallas tectónicas. Emergió del subsuelo como un rayo. Sin respiro.

37 segundos es una vida cuando la tierra se mueve y los edificios colapsan. En pocos segundos todo puede ponerse en duda. Un gobierno, una familia, un proyecto y un sueño.

Dos terremotos se llevaron cuantiosas vidas, edificios y un precario gobierno.

El mismo día de la tragedia todo era confusión. La angustia, el miedo y el rescate desesperado se amplificaron ante el silencio gubernamental. Las maquinarias, la ayuda y la organización del rescate llegaron tarde. Cuando los ciudadanos llegan primero es el Estado el que se encuentra en problemas.

Las redes sociales de ciudadanos que se lanzaron a la zona del desastre registraron horas de vacío, sangre y de circulación de malestar. Ante la tragedia la palabra toma un valor. Como vimos. Corresponsales de una guerra tectónica. Una literatura instantánea de vidas cegadas y milagrosamente rescatadas. Los periodistas profesionales llegaron más tarde ya que debieron pasar por varios controles estatales. Si bien toda tragedia busca ser controlada por los gobiernos aquí fue imposible. Las redes sociales dieron los primeros partes de esta guerra tectónica. Presentaron una narrativa de la situación. Luego se pronunció el gobierno.

Sin respiro corrían muchas personas por las calles y entre los escombros buscando parientes, amigos y mascotas. Todo se trastocó. Fue un nock out para un gobierno que construyó una narrativa de guerra durante años y que abandonó una política que pensará en los peligros que provenían de la tierra. La política se funda en pensar los peligros que provienen del vínculo entre sus ciudadanos y de la propia tierra. La política debe lidiar con los humanos y con la naturaleza. La geología puede ser una gran maldición. 

Caracas, utilizando una expresión de Leonardo Sciascia, necesita respiro humano. Palabras y acciones que asistan. Una literatura de la tragedia que alivie las angustias y miedos a futuras replicas. Una estatalidad que sepa que se erige en una tierra que encierra una endemoniada fuerza tectónica. Humanismo y atención por la geología es lo que reclaman los vivos, los que levantan escombros, los que escriben crónicas y los que imaginan que los suyos volverán.

 

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