Por Claribel Terré Morell
Foto: Zulema Maza
Leo hoy un posteo en X:
La amistad profunda, esa que se vuelve un ecosistema propio, se sabe cómo empieza, pero nunca queda muy en claro cuándo termina.
Miles de horas perdidas o ganadas nunca se sabrá.
Hasta siempre querido amigo.
No conozco a @jluciof y ya no podré conocer a @gasparkers, pero esta despedida leída por casualidad me conmueve.
Soy buena creando ecosistemas propios con nombres que aparecen en forma de grupos de chat, pero también materializados en reuniones, trabajo, comidas, visitas, más comida, más bebida… muchas risas y secretos o no tan secretos. Claro que mientras estoy en unos y otros en algún momento aparece el recuerdo de mí no tan amigo RH.
Durante muchos años yo solía tararear una canción que dice: Quiero tener un millón de amigos/ Y así más fuerte poder cantar… Un día RH me dijo que los amigos se contaban con los dedos de una mano y que casi siempre sobraban. RH siempre ha sido un pesimista triste, aunque en las fotos siempre sonríe: como yo. No le creí hasta que, después de una serie de hechos fortuitos, o no, a los que le di mucha importancia, me encontré con un artículo del antropólogo Robin Dunbar quien determinó que el cerebro humano tiene un límite cognitivo para mantener relaciones estables. Según su modelo, la red social de una persona se divide en capas concéntricas. (Copio la tabla que encontré por si le sirve a alguien)
Entre 90 y 200 horas de interacción compartida acumulada (muy poco según mi opinión) es el tiempo de pasar de ser un «conocido» a un «amigo íntimo». Por datos que aparecen en internet, en la década de 1990, más del 60% de la población afirmaba tener 5 o más amigos de confianza. Hoy esa cifra apenas ronda el 38%.
En un día nublado mientras caminaba por el Cementerio de Rock Creek en Washington D.C., me fijé en un monumento funerario al que llamaban la “Estatua de Adams». Debajo de él yace Henry Adams quien, con su autobiografía, escrita en tercera persona, ganó el Premio Pulitzer en 1919.
Henry Adams fue el que dijo: “Un amigo en el poder es un amigo perdido”. Supongo que sabía de qué hablaba, su abuelo John Quincy Adams y su bisabuelo, John Adams fueron presidentes de los Estados Unidos. También fue el autor de esta otra: “Un amigo en la vida es mucho; dos son demasiados; tres son casi imposibles».
Hoy que también es un día nublado pienso en @jluciof @gasparkers, RH, Robin Dunbar y Henry Adams y y en los tantos amigos que han pasado por mi vida.
Supongo que mientras cumplo años los amigos se hacen escasos. Lo que no puedo contabilizar es, si el tiempo que les dediqué fueron miles de horas perdidas o ganadas. Creo que nunca lo sabré.