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Quico Chirino: La literatura es para mí lo probable y el periodismo lo probado.

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Por Claribel Terré Morell

Quico Chirino, escribió Jazmines Torcidos, (Valparaíso EDICIONES) una novela en la que el protagonista es un periodista atípico, que responde al nombre de Chico, lo que no llamaría tanto la atención si el protagonista no se pareciera tanto a él y si él no tuviera la misma profesión.

El actual director del IDEAL, el periódico líder en Andalucía, España, es Doctor en Periodismo con la calificación de cum laude y es un reconocido periodista de investigación y de crónica política que además mantiene una columna, de esas antológicas y muchas veces incómodas, bajo el nombre de La libreta del director.

Tanto en Jazmines Torcidos como en su anterior novela A la izquierda del padre, el lenguaje funciona como un catalizador de la vida cotidiana.  

En Jazmines Torcidos hay diferentes tipos de miedos, uno es el de la hoja en blanco, otro es la vida familiar, hay también recuerdos, una niña pequeña (Laura, personaje cercano), abuelas, vecinos, la política, la corrupción y esos hechos que parecen simples como es el pedido burocrático de tumbar un techo que no solo hará morir un jazmín.  Una novela ambientada en España con personajes reconocibles en cualquier parte del mundo.

Esta entrevista la comenzamos en Granada, en el Palacio de Carlos V, en la Alhambra cuando me dijo: “Uno escribe con la aspiración de poder transmitir cosas. Jazmines Torcidos fue mi novela más personal; escrita en un momento donde, a ratos, yo me sentía frustrado como periodista. Cuando la fui a publicar ya no era esa la sensación vital, pero decidí dejarlo por honestidad con los lectores. El que escribió se sentía así “,

La seguimos por WhatsApp cuando ya yo había subrayado frases y frases y me había quedado con una que aparece en la página 76. “Si se acaba el periodismo, al menos me quedará la novela. Este único ajuste de cuenta”


¿Cómo fue tu paso a la literatura? ¿Tuviste miedo de no responder a las expectativas de tus lectores de “temas serios”?
-Todo eso lo soy porque lo dice mi currículum; pero el currículum lo escribí yo; no debes fiarte demasiado. Me hice periodista, como casi todo niño en mi época, porque quería ser escritor. Pero de periodista se ganaba, pensaba yo, más dinero. Me gusta recordar la frase de Manuel Vicent, más o menos: “Periodista es aquel que sin el talento suficiente para ser escritor y sin el valor necesario para ser policía se queda en un chismoso”. Y a su madre le sigue diciendo que toca el piano en un burdel. Así llegué al periodismo. Lo que sucede es que, como decía Indro Montanelli, el periodismo te atrae y te atrapa. Es él quien te descubre a ti. Y si hoy me dieran a elegir entre escritor y periodista, me quedaría con reportero. Sobre todo, porque, inexplicablemente, me ha permitido ganarme la vida.
– ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad? ¿Te molesta que te asocien al personaje del periodista de Jazmines Torcidos?
-La literatura es para mí lo probable y el periodismo lo probado. La novela me sirve como un ajuste de cuentas. Lo que aparece en mi novela es un compendio de todo lo que he conocido en mi trayectoria como periodista, de manera deslavazada, unido en un mismo relato. Si no sucedió, podría haber ocurrido. En absoluto me molesta que me identifiquen con ese periodista de la novela. Muchos, de manera espontánea, me llamaban ‘Chico’ en lugar de ‘Quico’. Y lo convertí en mi parodia, una hipérbole. Me divertí mucho ridiculizándome a mí mismo. Además, como en el libro yo soy la parodia de un fracasado, ninguno más tiene derecho a molestarse si se da por aludido.
– Tus dos novelas están marcadas de cierta manera por la familia. “A la izquierda del padre” y ahora “Jazmines torcidos”. En ambas hay un tono intimista con personajes delineados. Estás de acuerdo con lo que dice Cseslaw Milosz que “los escritores acaban con la familia”.
-“Jazmines torcidos” es en gran medida un homenaje a mi abuela, que murió de Alzhéimer, y a mi hija. Lo que he hecho es vampirizar lo vivido por mi abuela y lo que mi hija tiene por vivir y ahora solo imagina. Porque como periodista soy un fabulador muy limitado; siempre necesito apoyarme en la realidad. Yo soy un escritor intimista, porque solo me leen los íntimos y por obligación. Así que, probablemente, habré acabado con mi familia por aburrimiento. Que se fastidie
– ¿Que estás escribiendo ahora dentro de la literatura?
-Dejé todo lo que tenía en “Jazmines torcidos” y necesito que me suceda algo que me devuelva las ganas de escribir y de sufrir; porque yo empiezo a escribir por diversión pero termino sufriendo. He publicado ahora una versión novelada de mi tesis, Antonio Ramos, un reportero con pasaporte andaluz. Donde, por ejemplo, están las primeras informaciones y entrevistas que se hicieron en la prensa española sobre la muerte de García Lorca.
– ¿Cómo combinas la vida del periodista que sigue casos (incluso en las novelas) reales y peligrosos, con el director de un medio que debe mantener una postura y el escritor de ficción?
-Supongo que tengo la suerte de que los políticos de los que escribo en los periódicos no suelen leer libros. Y menos, los míos.