Pop post-género: Cómo la Inteligencia Artificial está cambiando la música

Hace algunos años hablar de inteligencia artificial en la música parecía algo lejano, casi de ciencia ficción. Hoy ya no. Cada semana aparecen canciones generadas por IA, artistas virtuales, programas que crean melodías en segundos y debates sobre si eso puede considerarse arte o no. Y aunque todavía hay mucha desconfianza alrededor del tema, da la sensación de que estamos viendo el nacimiento de una nueva etapa del pop.

Por Juan Pablo Quiroga

Quizás todavía no tenga un nombre definitivo, pero muchos empiezan a hablar de “pop post-género”. Un sonido que mezcla todo: electrónica, trap, hyperpop, rock, reggaetón, ambient, voces alteradas digitalmente y estéticas tomadas de internet. Música que no parece pertenecer a un solo género ni a una sola identidad. Y probablemente ahí esté lo más interesante.

Durante mucho tiempo el pop funcionó con categorías bastante claras. Las bandas eran bandas, los cantantes eran cantantes y cada estilo tenía ciertas reglas. Pero internet cambió completamente la manera de escuchar música. Hoy alguien puede pasar de escuchar a Charli XCX a Bad Bunny, después a Aphex Twin y terminar escuchando un remix hecho por una cuenta anónima en TikTok, todo en menos de una hora. Las nuevas generaciones crecieron así, mezclando referencias constantemente.

Eso empezó a reflejarse en la música. Artistas como Arca, SOPHIE o incluso Rosalía ayudaron a romper la idea tradicional de género musical. Sus canciones combinan sonidos que antes parecían incompatibles. A veces una canción puede tener algo de pop, algo industrial, algo latino y algo experimental al mismo tiempo. Y lejos de sentirse extraño, para mucha gente ya suena natural.

La inteligencia artificial parece llevar eso todavía más lejos.

Herramientas nuevas permiten generar bases musicales, voces o letras en muy poco tiempo. Obviamente todavía hay muchas limitaciones y muchas canciones hechas con IA suenan vacías o genéricas, pero también empiezan a aparecer cosas interesantes. No porque la máquina “reemplace” al artista, sino porque funciona como una especie de colaborador extraño. Una herramienta capaz de proponer ideas inesperadas.

Creo que ahí está la diferencia más importante. Mucha gente imagina un futuro donde las computadoras hagan toda la música solas, pero probablemente no funcione así. Lo más probable es que aparezcan artistas que sepan combinar sensibilidad humana con herramientas de inteligencia artificial. Algo parecido a lo que pasó con el autotune o con los sintetizadores en otras épocas. De hecho, cada avance tecnológico en la música generó rechazo al principio. Cuando aparecieron las cajas de ritmo, muchos músicos pensaban que iban a destruir la música “real”. Hoy esos recursos forman parte normal del pop moderno. Quizás dentro de unos años usar IA en una canción sea algo completamente común.

También hay algo generacional en todo esto. Muchas personas jóvenes ya viven gran parte de su vida conectadas a pantallas, redes sociales, videojuegos y mundos digitales. Entonces tiene sentido que la música empiece a sonar cada vez más artificial, más procesada o más híbrida. No necesariamente como algo negativo, sino como un reflejo de la época.

El hyperpop quizás sea el mejor ejemplo de eso. Un estilo exagerado, saturado, lleno de voces modificadas y sonidos casi caricaturescos. Hace unos años parecía música demasiado rara para volverse popular, pero terminó influyendo muchísimo en artistas mainstream y en la estética de internet. Hoy gran parte del pop tiene elementos que antes pertenecían solamente a escenas experimentales.

En Argentina esto recién empieza, pero también se ven algunos cambios. Hay productores y artistas independientes usando IA para generar visuales, voces o ideas musicales. Y aparecieron proyectos como LUMI-7, presentada como una artista creada con inteligencia artificial. Más allá de que guste o no, demuestra que estas ideas ya dejaron de ser algo futurista.

Tal vez lo más raro de esta nueva etapa es que cada vez importa menos si algo es “real” en el sentido tradicional. Hoy muchos artistas existen casi tanto en redes sociales como en la vida física. La imagen digital, los avatares, la estética online y la construcción visual son parte central de la música actual. Entonces no parece tan imposible imaginar artistas virtuales o proyectos creados parcialmente con IA funcionando de manera masiva dentro de algunos años.

Incluso el concepto de banda podría cambiar bastante. Antes una banda era un grupo de personas tocando instrumentos. Ahora podría ser un productor, una inteligencia artificial, un diseñador visual y una identidad digital trabajando juntos. Algo mucho más difícil de clasificar.

Obviamente también existen riesgos. Hay una enorme cantidad de música generada automáticamente que suena repetitiva o sin personalidad. Y todavía falta resolver temas importantes relacionados con derechos de autor o el uso de voces de artistas reales. Pero aun así, cuesta imaginar que esta tecnología desaparezca. Todo indica que va a seguir creciendo.

Por eso da la sensación de que el futuro del pop no va a estar definido por un género específico, sino por la mezcla constante. Un pop donde las fronteras entre humano y artificial, entre underground y mainstream, o entre distintos estilos musicales, sean cada vez más borrosas.

Quizás el “post-género” no sea solamente una tendencia musical, sino una manera distinta de pensar la cultura. Menos preocupada por las etiquetas y más enfocada en la combinación libre de influencias, tecnologías e identidades.

Y aunque todavía es difícil saber exactamente cómo va a sonar esa música dentro de diez años, probablemente ya estemos escuchando sus primeras versiones ahora mismo.


 

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