Por Vanesa Catellani @vanesacatellani
Un desnudo masculino de Eduardo Sívori, una rareza de fines de 1800 y uno de los pocos en toda la historia del arte argentino, estaba en la entrada de la Feria Plateada, que tuvo lugar del 28 al 30 de agosto en La Plata, la capital de la provincia argentina de Buenos Aires, conviviendo junto a una escultura de la artista Paula Toto Blake, realizada en el año 2004.
Con entrada libre y gratuita se presentaron en su cuarta edición 39 galerías y proyectos que junto la isla de editoriales, sumaron 44 espacios este año. Cada galería armó su propia escenografía, con clima propio, como si en vez de vender obra te invitaran a atravesar una experiencia. La sede del Centro Provincial de las Artes – Teatro Argentino, un teatro que acumula 135 años de historia en una propuesta, producida por el Instituto Cultural de la Provincia, dirigido por Florencia Saintout a través del Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti, con su director Federico Ruvituso y curaduría de Virginia Martin y Facundo Belén.
Entre mis preferidos los perfumes-escultura de Marcela Cabutti, con esos frascos que parecen piedras y contienen tanto esencias como paisajes geológicos de América y África en Sur Boreal Art. Dos obras del maestro platense Lito Iacopetti presentadas por la Galería Aldo de Souza. Un homenaje a Alberto Greco, otro platense que inventó el arte-vivo por Planta Ata. Instalaciones con paja, cerámica de M.O.N.T.O.N a y hasta una escultura-juguete con bota de goma roja que funciona casi como chiste privado.
Las obras estuvieron a la venta desde $30.000 pesos argentinos.
Plateada no se parece a nada, es La Plata: una feria hecha, en su mayoría, por artistas platenses y bonaerenses decididos a continuar y seguir construyendo el espíritu rebelde de su historia del arte.