Teóricos y art Advisors en España, Brasil, Perú, Argentina y Chile en Be Cult
Por Claribel Terré Morell
En una entrevista -de las pocas que ha dado- a Charles Saatchi, publicista, coleccionista de arte y una de las personalidades más importantes y controvertidas del mundo del arte, le preguntaron: “¿Qué busca cuando va a comprar una obra de arte?”. Él contestó: “No hay normas que yo sepa”.
Be Cult le preguntó a 5 destacados teóricos del arte y art advisors de España, Brasil, Perú, Chile y Argentina:
-¿Cómo influyen hoy las elecciones híbridas (online y presencial) en las decisiones de compra de los coleccionistas?
Paco Barragán (España).- Teórico de arte y curador. Autor de The Failure of the White Cube (Routledge)
“El principal problema del coleccionismo actual es la creciente distancia entre la complejidad del arte contemporáneo y el tiempo que los coleccionistas dedican a comprenderlo. Mientras el arte se ha vuelto cada vez más especializado, teórico y global, muchos compradores se aproximan a él a través de mecanismos rápidos y fragmentarios dominados por las redes sociales como Instagram y TikTok, los algoritmos y las recomendaciones de sus pares, como las diferentes encuestas de UBS& Art Basel y Art Avanti demuestran. Tenemos más acceso a información que nunca, pero no necesariamente el conocimiento necesario para procesarla de manera crítica
A ello se suma la progresiva erosión del papel del galerista como intermediario cultural, dado que buena parte del Next Gen prefiere relacionarse directamente con el artista.
Basta observar cómo el perfil del coleccionista ha cambiado radicalmente: desde figuras profundamente formadas como Giuseppe Panza di Biumo de los año 60-70 hasta coleccionistas más vinculados a la lógica financiera y especulativa del mercado contemporáneo como Steve Cohen que aparecen a partir de los años 2000, que ni siquiera tienen tiempo para visitar las galerías de arte y compran directamente en Sotheby’s o Christie’s.”
Alexei Waichenberg (Brasil) Marchand brasileño, Art Advisor.
-La tecnología ha transformado la velocidad con la que circulan la información, las imágenes y las oportunidades de negocio en el mercado del arte. Hoy un coleccionista puede descubrir, analizar y adquirir una obra desde cualquier lugar del mundo en cuestión de minutos. Sin embargo, la experiencia presencial continúa siendo fundamental, porque el arte sigue siendo, ante todo, una experiencia sensible.
No veo estas dos tendencias como fuerzas opuestas, sino como dimensiones complementarias. La tecnología aporta inmediatez y acceso; la presencia aporta emoción, confianza y profundidad.
Como marchand y art advisor, mi trabajo consiste precisamente en construir ese puente: aprovechar las herramientas tecnológicas para ampliar horizontes, sin perder el valor de la mirada directa, del encuentro personal y de la relación de confianza que siempre ha sostenido a los grandes coleccionistas y al mercado del arte.
En este contexto, la cuestión de la autenticidad adquiere una importancia aún mayor. Cuanto más global e inmediato es el mercado, más indispensable resulta el rigor en la investigación de procedencia, la documentación y el trabajo conjunto con especialistas y peritos reconocidos. La confianza sigue siendo el activo más valioso del mercado del arte, y mi compromiso permanente es ofrecer a los coleccionistas no solo obras significativas, sino también la máxima seguridad y transparencia en cada operación.
Alejandra Villasmil, (Chile) fundadora y editora de Artishock, uno de los sitios web sobre arte más visitados en Iberoamérica.
Siento que cada vez más gente está comprando online. Es mi percepción. Sobre todo cuando se trata de artistas ya reconocidos, que el comprador o coleccionista ya sigue de cerca y ha visto su obra en vivo. El haber tenido contacto con la obra de forma presencial e incluso con el artista genera mucha confianza. Hay medios más complicados de vender online por su propia naturaleza. La fotografía y cierto tipo de escultura (si se presenta en todas sus vistas) se representan más fieles a través de imágenes. Ya la pintura requiere de algo más físico
Meg de Romaña (Perú). Fundadora de MEG Art Advisors, presidenta del Consejo Directivo del Museo de Arte Contemporáneo de Lima (MAC Lima)
Con la pandemia, el mercado del arte migró al mundo digital casi de golpe. Sin ferias ni viajes, las compras online se volvieron la norma. Mis clientes perdieron el miedo a adquirir una obra por foto porque ya conocíamos la trayectoria de los artistas y la seriedad de las galerías. La confianza no venía de la pantalla: venía de años de relación con ese ecosistema.
Ver una obra en vivo sigue siendo insustituible, sobre todo cuando no conozco bien una serie nueva de un artista. Hay algo en la escala y la textura que ninguna fotografía captura del todo.
Con esculturas y videoarte el criterio cambia —el registro digital puede ser bastante fiel— pero con pintura u obra sobre papel, prefiero verla en persona antes de recomendar una compra importante.
Hoy el problema no es el acceso a la información: es la saturación. Cualquier persona puede ver miles de obras en Instagram o en ferias virtuales, pero más imágenes no significa más claridad. Ahí es donde trabajo con mis clientes: en ayudarlos a navegar ese ruido, validar la trayectoria real del artista y verificar que el precio en pantalla sea coherente con lo que ese artista está logrando en el mercado secundario. Esa lectura no la da el algoritmo.
Gonzalo Vidal (Argentina ) Director at GV Consultoría en Art
En mi caso personal, te diría que el proceso es un blend. El trabajo presencial sigue siendo el mismo de siempre; lo que aporta la tecnología es una herramienta clave para encontrar datos, referencias o información que complementan la búsqueda de las obras.
Como asesor en compra y venta de arte moderno argentino, en su totalidad de artistas fallecidos, no trabajo con galerías, sino directamente con los dueños de los cuadros. En este nicho, el principal puente con el mundo digital son las bases de datos que resumen los resultados de las ventas de arte.
Sin embargo, aquí suele generarse un choque con el cliente. La mayoría de los compradores no está suscrita a estas plataformas. Una cosa es el registro frío de la base y otra es la realidad del mercado. Por ahí una obra figura con un valor en la base, pero se termina vendiendo, incluso más caro que en una galería. El comprador se apoya mucho en lo que ve en la pantalla, y ahí es donde surgen los desacuerdos.
La tecnología da datos generales, pero no el criterio experto. El coleccionista no siempre está tan informado sobre los años puntuales o las temáticas específicas que determinan el valor real de una obra. Por ejemplo: La producción fuerte de Xul Solar, el artista argentino, es obra sobre papel. Una obra sobre tela, que en la mayoría de los artistas tendría más valor comercial, en su caso no lo tiene. En Macció, otro argentino, una obra del año 1957 tiene casi el menor valor del artista, mientras que una del año 1959 (solo dos años después) representa casi su mayor valor.
Este escenario es muy distinto al de las galerías de arte contemporáneo. Allí, la interacción digital y los medios masivos se utilizan principalmente para la difusión, la presencia del artista en otros mercados o su participación en ferias internacionales.
Es fundamental entender qué es lo que vende un consultor o una galería: no estás vendiendo solamente una obra de arte, estás brindando un servicio de asesoramiento, y eso tiene un valor que el remate no ofrece.
En un remate levantaste la mano, compraste y pagaste. Hoy en día, toda esa información de precios es absolutamente accesible gracias a la tecnología, y el remate sigue siendo el que lidera y marca el termómetro del mercado.
Una galería o un consultor te pueden financiar en cuotas, te permiten negociar el precio y, sobre todo, te guían estratégicamente: «Te conviene comprar esto por tal motivo», «Esta época del artista es más importante» o, incluso, «No te conviene vender en este momento». Este asesoramiento que ofrece servicios adicionales debería estar valorizados junto con el precio de la obra.