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Fotografía erótica, mucho más que provocación

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Por Luz Marti

Luis Sens - Fotógrafo

La fotografía erótica, criticada por perpetuar estereotipos que se repiten en revistas como Playboy o Penthouse, ha generado espacios alternativos afines a la evolución cultural dando visibilidad a cuerpos reales y ofreciendo un lugar donde explorar el deseo desde lo artístico y lo político.

La fotografía erótica suele funcionar como una forma inquietante de aventurarse por lugares desconocidos de nosotros mismos. Es, a la vez, espejo de los deseos del fotógrafo, del espectador y hasta de la modelo que participa en cada sesión, convirtiéndola casi en la más importante de esa tríada. Luis Sens, fotógrafo de Playboy desde su conocimiento del tema, nos cuenta de su profesión y nos propone pensar la foto erótica como un entramado de posibilidades y motivaciones que van mucho más allá de lo que uno supone.
Oriundo de Cipoletti, Rio Negro, Luis se consideró un outsider desde muy chico. Sentía que no encajaba en muchos ambientes hasta que, con el tiempo, encontró su lugar en Buenos Aires.
Fascinado desde siempre por la estética y la pintura renacentistas, eligió formarse en Producción de radio y televisión. En su curiosidad por fotografiar objetos pequeños y cotidianos, descubrió su interés por ese tipo de imágenes y sobre eso trabajó como proyecto personal, sin mostrarlo. Alguien vio su buen ojo y su trabajo empezó a gustar. Primero fueron fotos para un afiche de canchas de tenis donde trabajaba, luego retratos para la revista Haciendo Cine, paralelamente a sus primeros trabajos como foto fija en films  independientes. Al poco tiempo sus fotos atrajeron el interés del equipo de los Inrockuptibles que le encargó retratos de músicos, cineastas y artistas.
De allí, en un salto tan inesperado como bienvenido, Playboy, que había descubierto algo distinto en su mirada, lo convocó para refrescar el perfil fotográfico de la revista.

 

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¿Sabías algo de fotografía erótica?
No, nada, pero a ellos les había gustado mi trabajo y de alguna manera confiaban. Mi forma de mirar fue clave en mi búsqueda a la hora de buscar encuadres. Yo tenía impregnadas en mi mente las imágenes provocadoras y de enorme esteticismo de las películas del italiano Tinto Brass, las de mi adorada Coca Sarli y las de la Serie Rosa francesa, que recuerdo mirar a escondidas de adolescente.
Las proporciones perfectas de esculturas de diosas y ninfas de la antigüedad ejercieron, a la vez, una gran fascinación y, de alguna manera, marcaron mi estética.
¿Sos un voyeur?
 ¡Por supuesto! siempre fui un buen mirón. La mirada es fundamental en todos los aspectos de mi vida. Observar es algo sumamente excitante y creo que por eso, desde chico trato de que nada se me escape.
Además, como muchos fotógrafos, soy un gran admirador de Helmut Newton y él afirmaba crudamente: “Un fotógrafo que dice que no es un voyeur, es un idiota.”

El erotismo en la fotografía, al mostrar distintas formas de mirar el cuerpo y la intimidad, se convierte en un espacio donde se cruzan el arte, la psicología y la cultura. Cada imagen desata la imaginación de quien mira, pero no solo eso: devela los deseos y tensiones culturales de una época.

¿Qué busca un fotógrafo del erotismo?

La foto erótica busca atrapar la sensualidad, mostrar al cuerpo humano como un paisaje bello, sin importar quién esté delante de la cámara. Busca hacerlo de una manera sugestiva y un poco ambigua, sabiendo que esa imagen narra una historia, insinúa que algo pasa allí y ese algo queda librado a la imaginación del espectador.
El fotógrafo también es consciente del peso psicológico
de esas imágenes donde se juegan fantasías, juegos de roles o dinámicas de poder.

Pensando en “lo moral” y “lo aceptable”, el erotismo se mueve en una línea muy fina cerca de la pornografía, ¿Qué pasa con eso?

El erotismo sugiere, el porno muestra.
Podría decir que el porno está ligado a un negocio, mientras que el erotismo está más conectado con el arte. Viéndolo así
haría una comparación desde el plano artístico: la foto erótica puede asociarse a movimientos como el simbolismo que se expresaba con metáforas, o el surrealismo, que trataba lo onírico y lo fragmentado. Ambos movimientos exploraban el deseo como una experiencia subjetiva compleja.
La pornografía, por su parte, está ligada al consumo y, al ser más directa, no deja lugar a la imaginación. Ese ofrecer la sexualidad como un producto más de consumo la hace más cercana al pop.

¿Cómo variaron los parámetros en la fotografía erótica en nuestros días?

La sociedad actual es más libre y esa libertad también se refleja en la foto erótica. Hay un permiso aceptado para romper estereotipos, desafiar las categorías establecidas de género, belleza o sexualidad y, de ese modo, cuestionar esos parámetros. Todo eso ayudó a introducir el erotismo en la cultura popular, naturalizándolo y animándolo a derribar tabúes sobre la sexualidad y el cuerpo.

Hay un debate que subyace desde siempre sobre si estas imágenes reducen a la mujer a un objeto del deseo masculino o las empoderan al celebrar su sexualidad. ¿Qué pasa con las modelos de foto erótica?

Ser modelo de foto erótica es una profesión, como ser modelo de desnudo de la escuela de Bellas Artes. Playboy, en particular, buscó una estética sofisticada, lejos de la vulgaridad, acercándose al retrato “glamoroso” como se lo llamó en un momento. Por otro lado, si bien mostrar el cuerpo desnudo implica una exposición física y emocional, las modelos conocen su trabajo y lo viven como una situación de empoderamiento. Siempre las escucho cuando sugieren ideas o poses porque lo que proponen nace espontáneamente de sus propios deseos, y eso hace que tanto el trabajo como el proceso resulten mejores.

Volviendo al arte. ¿Qué estilos o recursos toma la foto erótica de las grandes escuelas pictóricas?

La foto erótica toma mucho de la pintura: el juego de luces y sombras o las veladuras. Convierte al cuerpo en un territorio provocativo y onírico, fragmentándolo, alejándolo de la realidad concreta para sorprender al observador. Puede tomarlo como forma, como textura o como geometría y se permite retratar líneas y curvas con total libertad, como si se tratara de imágenes arquitectónicas. No olvidemos que en las formas de cierta arquitectura hay, también, una voluptuosidad cargada de erotismo.

Para completar nuestra charla, Luis Sens me invita a uno de los talleres de Dirección de modelo erótica que dicta para otros fotógrafos y artistas visuales. Allí les ofrece herramientas profesionales para dirigir de una manera sensible.
Yo quiero ver cómo se desarrolla, qué pasa ahí adentro. Ese día van seis alumnos por la mañana y seis por la tarde.
La modelo, de unos treinta años tiene un cuerpo natural, sin cirugías (“prefiero los cuerpos creíbles”, dice Luis) y ha trabajado con él en muchas oportunidades. Sobre la cama hay tacos altos de charol y varios conjuntos de ropa interior.
Luis orienta a sus alumnos en la manera de conseguir una sesión relajada, logrando complicidad con la modelo.
Cada uno va probando hacer sus tomas mientras los demás miran. Los veo atentos, en un territorio que no conocen. Ella se saca el corpiño y todos se despiertan. Uno trabaja con su cámara y cinco teléfonos registran, al mismo tiempo, imágenes desde la periferia de la escena. Miran, prueban distintos encuadres. Piensan qué pueden hacer cuando les toque el turno.
“Pedile lo que quieras que haga, pero dejala sola, que lo resuelva como le parezca. No dejes de fotografiar porque, en el mientras tanto, pueden surgir poses o situaciones hermosas que valga la pena registrar. Si sentís que está incómoda, pará. No cortes el clima, seguí sacando mientras va de un lado a otro del set” dice Luis.
“¡Qué divino eso, estás preciosa, me vuelvo loco!” agrega.  Ella sonríe y cambia de poses. Cada vez más relajada, más segura de que es ella quien domina el clima del estudio, no cabe duda.
No dejo de pensar en cómo se contraponen lo que veo y lo que vayan a opinar quiénes digan que a la mujer se la vende como un objeto. Yo no veo objeto, veo empoderamiento y seguridad. Veo a una mujer libre trabajando.

A la tarde llamo a Luis para agradecerle la experiencia. No atiende, está ocupado: además de fotógrafo y lejos del outsider original, Luis es un padre cariñoso que pasea en bicicleta con su hija de cuatro años y le saca las fotos más tiernas equipada con casco, abrigo, pollerita de tules y alas de hada.