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El tiempo del cansancio

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Por Esteban de Gori

No damos más. Quemados. Quemadas. Detonadas. Detonados. Desganados. Desganadas. Palabras de estos tiempos. Estamos invadidos e invadidas por el cansancio individual y social. Fatiga y peso en el cuerpo. Nos cansamos porque nos auto exigimos o porque nos auto explotamos (como dice el filósofo coreano), pero también nos cansamos porque nos pega en el cuerpo la incertidumbre y la volatilidad. Vivimos en ciudades de arenas movedizas. La globalización de las últimas décadas nos ha colocado en una velocidad inaudita y en una incerteza. Estamos subidos al acelerador bursátil. Ese que colonizó el tic tac de la vida actual. En la Encuesta Burnout 2022, los trabajadores y trabajadoras argentinas son las personas más “quemadas” de la región. El 86% de las personas dice experimentar esta sensación. El 21% de este universo plantea que está quemado porque tiene sobrecarga laboral. Al ranking argentino le siguen Chile en segundo lugar (82%), en tercer lugar Panamá (78%) y Ecuador en el cuarto puesto (74%).

Este mundo cansa y nuestro país no ayuda. Vivimos en una montaña rusa donde el movimiento del dólar se fortalece en las pantallas y redes. Asumimos muchos runnings: el personal, el social y el subjetivo. Vamos tras los empleos, las seguridades y el dólar. ¡One dollar baby! ¡Help me! Estas sociedades corren sobre sus incertidumbres, se desmantelan buscando certezas. Correr a la nada, ascender y caer, caer y ascender. Hacer equilibrio, hacer pie. Imaginar en correr hacia lugares inhóspitos da cansancio. Al mundo del gym a tope, el body up, se le enfrenta el otro mundo, el del cansancio. No me vendas nada, estoy cansado. No me estimules, vivo quemada. Ese llegar con el último respiro de la carne y volver a empezar sabiendo que podemos surfear grandes y pequeñas olas como una condena eterna.

Las rutinas están atravesadas por el desgano, la quemazón y la fatiga. Prendemos el piloto automático de la vida cotidiana pero el cansancio entra, se cuela, invade. Vivir un momento sin la presencia de nadie que interfiera el aire es una de las mayores fantasías de la actualidad. La otra, como una plegaria, que la vida no sea un tembladeral. ¿Sabés lo que cansa más? Saber que no sabés que va a pasar mañana, que tal vez, pongas todo y nada resulte. Cansancio y pesimismo. La sociabilidad común parece un infierno si hay que asumir que todo, pese a la multiplicidad del todo, puede fallar en conjunto y si además estamos cansados y cansadas. ¿Cómo te socializás si tu personalidad está cansada? ¿Qué pasa cuando el cansancio gana al deseo?

El cansancio es como una plaga, como una mancha incandescente. Lo que toca lo debilita, lo flexibiliza. Se instala y es difícil sacarlo del cuerpo y del ecosistema subjetivo. Me cansé de este gobierno, se escucha en diversos lugares. El cansancio en la política es complejo, cansarte de que te gobiernen, cansarte de colaborar y de aceptar las medidas y disposiciones. Bajar los brazos. Retirarse porque ya no queremos estar.

Retirarse de un vínculo por cansancio es parte del menú de posibilidades que nos asisten, que pervive en nuestro superchip individual y cultural. Retirarse por cansancio, de donde sea, no solo es legítimo sino que es la única instancia para emprender otro rumbo. Un rumbo energético. Un rumbo para autosalvarnos aunque volvamos a fallar. Aunque nos espere un carrito del Italpark sin horizonte para subirnos.

Vivir con el cansancio en la piel. El mundo y nuestro país nos llaman a eso. Un camino que alumbra autopistas del pesimismo o senderos que nos ayuden a salvarnos a como sea, solos, solas o con otros y otras. Dejame respirar, sacame preocupaciones, no me canses. Una exigencia que nuestro mundo veloz no puede asegurar y mucho menos nuestro país. Una exigencia que los vínculos tampoco pueden asegurar, aunque acordemos que el aire fresco entre por las venas de los deseos colectivos. Hoy estamos tomados por el cansancio, solo eso, esperando por una buena dormida que preanuncie otras rutinas. Buscando seguridades en un mapa que tambalea. Intentando que ese cansancio no nos permita expandir nuestra bronca y nuestra venganza a la velocidad, a la precariedad y a los vínculos pesados. Intentando salir de esta licuadora solo o acompañado.