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Come de mi carne: Leer a Osvaldo Lamborghini en 2025

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Por Maricel Cioce*

Un cuerpo abierto sobre la mesa, un parto convertido en coito, un ojo arrancado en medio de una felación. Las escenas de El fiord todavía cuestan, como si la literatura hubiera llegado a un límite físico. Pero justamente ahí, en ese exceso, Osvaldo Lamborghini (1940-1985) encontró una manera brutal de narrar lo social. A cuarenta años de su muerte, su obra insiste en decir lo que nadie quiere oír: que la violencia no es excepción sino regla, que la trama social se rompe siempre por el mismo lugar, el cuerpo.

No solo son las anécdotas conocidas (su relación con el psicoanalista Oscar Massotta -quien introdujo a Lacan en Argentina-, la Escuela Freudiana de Mar del Plata, los hoteles céntricos, los collages porno): eso es apenas la superficie de un volcán que sigue activo. Lamborghini atravesó el neoliberalismo antes de que fuese palabra conocida y lo describió desde el exceso, la pulsión, la imposibilidad de la redención colectiva.

Nacido en Necochea, su mirada sobre lo social no venía de las aulas ni del ensayo académico, sino del cuerpo, lo desbordado. En los años ’60 se casó, militó en el peronismo sindical, tuvo una hija. Después se divorció y fue a vivir a los hoteles del centro, habitaciones con ventilador de techo y olor a cigarrillo. Ahí escribió El fiord (1969) publicado a sus 29 años. Un texto tan brutal como profético.

Siguió escribiendo, la mayor parte de su obra durante transformaciones abruptas: la dictadura de Onganía, el tercer peronismo, la dictadura de Videla. Sebregondi retrocede (1973) y Poemas (1980) con una prosa que iba al hueso.

Mientras tanto, el mundo giraba hacia el neoliberalismo. Un presente fragmentario, sin anclajes ni relato común.  Eso se nota en lo cotidiano: lo que antes se resolvía desde lo compartido —golpear la puerta del vecino y pedir una tacita de azúcar— pasó a regirse por el cálculo: “¿Qué gano yo con esto?”. Un lazo social que empezó a verse como algo sospechoso.

Pero Lamborghini no necesitó categorías para narrarlo. Mostraba coitos durante partos, felaciones con ojos arrancados. Escenas que ningún cuerpo real podría soportar. Y justamente por eso funcionaban: porque hablaban de otra cosa, porque golpeaban el lenguaje hasta volverlo irreconocible.

“Nunca es bastante verde
 (la verdad) para un perverso”
Poemas 1969-1985, Canta de las gredas en los ojos
 Osvaldo Lamborghini

Del archivo a los memes

¿Dónde está Lamborghini en la era de la cancelación, de los “memes” que borran lo incómodo? ¿Sería leído o inmediatamente exiliado? Lamborghini aparece como una lectura urgente. No porque ofrezca respuestas, sino porque expone lo que nadie quiere escuchar: que la violencia no es excepción sino regla, que el lazo social está siempre en riesgo de quebrarse.

Quizás por eso, cada vez que se lo vuelve a leer, incomoda tanto a la academia como al canon. “La literatura argentina no fue la misma después de Lamborghini”, anotó Tamara Kamenszain. Y esa incomodidad es también su legado.

Collage. Pintura sobre fotografía pornográfica (1981–1985) Fuente: Fondo Osvaldo Lamborghini (UNTREF).
Actualmente UNTREF/IIACC tiene al cuidado la mayoría de sus obras catalogadas. El fondo está abierto a la consulta de todo el público de manera virtual.

Comerse al otro

Una edición de Tadeys (1983), publicada por Sudamericana, condensa su universo desde la portada. En ella se reproduce un grabado del artista flamenco Theodor de Bry: una escena donde los Tupinambá devoran a sus enemigos. El canibalismo como castigo. El cuerpo del otro como botín.
Así como el grabado sintetizaba el imaginario colonial europeo, Lamborghini revelaba las formas de crueldad del siglo XX argentino: un banquete que es metáfora de lo obsceno del poder.

“Nativos de Brasil realizando un sacrificio humano”, grabado de Theodor de Bry (1528–1598).

En la biografía que escribió Ricardo Strafacce, recientemente reeditada por Blatt & Ríos, se sugiere una escala afectiva alrededor de Lamborghini: quienes se alejaban y quienes nunca se curaban del hechizo.

Osvaldo Lamborghini murió en noviembre de 1985. Cuarenta años después, su obra sigue sobre lo que importa: el poder, el cuerpo, el lenguaje.

La pregunta en 2025 persiste: ¿qué hacemos con eso que nadie quiere oír?

* Socióloga especializada en cultura, docente, escritora.