Arteba 2026: Buenos Aires amplía su conversación con el mundo del arte

En su 35.ª edición, la feria regresó a La Rural con adquisiciones de museos internacionales, visitantes profesionales y una agenda que se extendió por distintos espacios de Buenos Aires. Las obras que viajaron a colecciones de referencia marcan un avance concreto en la proyección internacional del arte argentino. Pero el verdadero alcance de ese movimiento también se descubre fuera de la feria: en las galerías, los talleres, las colecciones privadas y los encuentros que permiten conocer una escena desde adentro.

Durante unos días, Buenos Aires volvió a convertirse en punto de encuentro para quienes trabajan, coleccionan, investigan y siguen de cerca el arte contemporáneo. La 35.ª edición de Arteba convocó a galerías y artistas de distintas procedencias, recibió a representantes de museos internacionales y desplegó una agenda que, esta vez, invitó a mirar más allá de los pabellones de La Rural.

Hubo obras que encontraron nuevos destinos institucionales, conversaciones entre galeristas y coleccionistas, recorridos por espacios independientes y visitas a colecciones privadas. También hubo una pregunta que atravesó buena parte de las conversaciones del sector: ¿hasta dónde está llegando el arte argentino y qué necesita para ampliar su presencia en el circuito internacional?

La respuesta no es lineal. Hay señales alentadoras, operaciones concretas y vínculos que se consolidan. Al mismo tiempo, la llegada de nuevos coleccionistas, compradores y galerías del exterior sigue siendo una oportunidad para profundizar. Esa combinación permite entender el momento que atraviesa Arteba y el potencial de una escena que busca ampliar sus conexiones sin perder su identidad.

Cuando las obras cruzan fronteras

Uno de los movimientos más significativos de esta edición se produjo a través del Programa de Adquisiciones para Museos. En 2026 participaron diez instituciones internacionales, entre ellas el Museo Reina Sofía de Madrid, el Los Angeles County Museum of Art (LACMA), el MACBA de Barcelona, el MCA de Chicago, el Phoenix Art Museum y el Museo de Arte de Lima (MALI). La convocatoria reunió también a instituciones de Uruguay y Estados Unidos, y volvió a poner en contacto a museos, galerías y artistas de la escena local.

Entre las operaciones internacionales confirmadas por Santiago Gasquet, de Galería Piedras, se encuentran la adquisición de El Govierno (2019), la videoinstalación de seis canales de Liv Schulman, por parte del Museo Reina Sofía, y la incorporación de Splendid Sutura (2026), de Josefina Labourt, a la colección del LACMA. Dos obras, dos instituciones de referencia y una misma posibilidad: que la producción artística presentada en Buenos Aires encuentre nuevos espacios de exhibición y circulación.

El programa funciona a partir de un fondo inicial aportado por mecenas particulares y establece una condición para los museos participantes: al menos una de las obras que incorporen debe ser de un artista argentino. A lo largo de sus más de veinte años de trayectoria, la iniciativa contribuyó a que alrededor de 450 obras ingresaran en colecciones institucionales de distintos países. Su alcance, sin embargo, excede las adquisiciones: también propicia encuentros entre galeristas, artistas, curadores y responsables de colecciones, y acerca a los visitantes internacionales a otros espacios de la vida cultural porteña.

A esa circulación internacional se sumaron las adquisiciones de instituciones argentinas. El Museo Nacional de Bellas Artes incorporó Pink Ashes (2024), de Matías Duville, presentada por Barro. El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires sumó diez obras a su acervo, mientras que MALBA adquirió Paraíso (1984), de Diana Aisenberg. También se registraron incorporaciones de Fundación Tres Pinos, Fundación Klemm, Fundación Cervieri Monsuárez, Castagnino + macro y otras colecciones.

Más allá de los nombres y las operaciones individuales, el dato merece atención por lo que representa: obras producidas y presentadas desde la escena argentina encuentran nuevos contextos de exhibición, investigación y conservación. Pasan a integrar colecciones que amplían sus posibilidades de circulación y quedan disponibles para otras lecturas, públicos y generaciones.

Vista general de Arteba 2026

En su 35.ª edición, Arteba regresó a La Rural y reunió a 69 galerías y más de 400 artistas en una superficie de alrededor de 11.000 metros cuadrados.

La presencia de estas instituciones constituye un paso concreto en la proyección internacional de la feria. A su vez, entre los galeristas aparece el interés por seguir ampliando la llegada de coleccionistas, compradores y galerías del exterior. La participación de museos y curadores abre oportunidades de intercambio; el desafío, y también el horizonte de crecimiento, está en dar continuidad a esos contactos y convertirlos en nuevas relaciones, operaciones y proyectos compartidos.

Internacionalizar una escena es un trabajo sostenido: implica generar razones para volver, construir confianza y mantener vínculos entre quienes producen, exhiben, investigan y coleccionan.

El Govierno (2019), videoinstalación de seis canales de Liv Schulman, adquirida por el Museo Reina Sofía de Madrid.

Splendid Sutura (2026), de Josefina Labourt, incorporada a la colección del LACMA de Los Ángeles. La obra forma parte de Coraza fantasma, su exposición individual en la galería.

 

La feria continúa en la ciudad

Esta edición tuvo, además, una particularidad en su calendario. Arteba adelantó una semana su realización debido a la visita del papa León XIV y a las medidas de seguridad previstas para esos días. El cambio de fecha modificó la organización de la agenda, pero no impidió que la feria desplegara uno de sus aspectos más interesantes: los recorridos para invitados profesionales por distintos espacios de Buenos Aires.

La propuesta permitió salir del circuito ferial y conocer otros lugares donde se construye la escena artística. La visita a la Colección Naón abrió una ventana al universo del coleccionismo privado y a la historia que puede leerse a través de una colección reunida a lo largo del tiempo. En Mohaded Studio, el espacio de trabajo de Cristián Mohaded, el recorrido permitió conocer su showroom y atelier, donde se exhiben piezas de diseño y objetos de su producción, en un entorno que también funciona como lugar de encuentro y recepción para sus clientes. Una oportunidad para acercarse a su universo creativo y conocer de primera mano cómo conviven allí la investigación, el diseño y la práctica profesional.

La agenda también llegó a Isla Flotante, con una visita para conocer la obra de Roberto Jacoby. El encuentro puso en primer plano la vitalidad de una galería que forma parte de una escena con múltiples generaciones, lenguajes y formas de intervención cultural.

No son visitas accesorias. Para quienes llegan desde otros países, conocer una colección, entrar a un estudio o conversar en una galería puede ofrecer una lectura mucho más rica que la que proporciona un recorrido rápido por una feria. Son instancias donde aparecen historias, relaciones y modos de trabajar que no siempre se traducen en una ficha de obra o en un stand.

Los recorridos para invitados internacionales incluyeron visitas a la Colección Naón, Mohaded Studio e Isla Flotante, tres espacios que permiten acercarse a distintas expresiones del coleccionismo, el diseño y el arte contemporáneo en Buenos Aires.

En ese sentido, Buenos Aires funcionó como una extensión de Arteba. La feria fue el punto de partida de una agenda que permitió descubrir otros espacios de producción y exhibición, conocer colecciones y acercarse a artistas que trabajan por fuera de los circuitos más visibles. Esa dimensión resulta especialmente importante para una ciudad cuya identidad artística se construye tanto en sus grandes instituciones como en galerías, talleres, fundaciones y proyectos independientes.

Las galerías y el pulso del mercado

Dentro de La Rural, el movimiento comercial tuvo distintos ritmos y escalas. Las conversaciones con galeristas permitieron registrar ventas, reservas, consultas y obras que encontraron nuevos compradores. Galería Piedras, por ejemplo, compartió operaciones concretadas durante las primeras jornadas, entre ellas trabajos de Becardino, las tres ediciones fotográficas de Joaquín Aras, pinturas de Sonia Ruiz, piezas de Jimena Crocetti y obras de Josefina Labourt.

En otros espacios también se produjeron movimientos relevantes. Barro presentó la obra de Matías Duville que ingresó a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes. Tomás Redrado Art y Nora Fisch participaron de las incorporaciones de la Fundación Klemm, mientras que Nora Fisch también presentó el video de Lulo Demarco adquirido por el Castagnino + macro. The White Lodge, por su parte, registró la adquisición de una escultura de Sandro Pereira por parte de Colección Balanz.

Son operaciones diferentes, con protagonistas y destinos diversos. Juntas permiten observar el trabajo que sostiene el mercado: galerías que acompañan a sus artistas, coleccionistas que construyen relaciones a largo plazo e instituciones que incorporan obras a sus acervos.

También conviven distintas formas de acercarse al coleccionismo. Programas como Mi Primera Obra buscan facilitar el acceso de nuevos compradores, mientras que las adquisiciones institucionales permiten que las obras encuentren otros ámbitos de circulación. El desarrollo de un ecosistema artístico depende de esa diversidad: no alcanza con las grandes operaciones si no existe una base de galerías, artistas y nuevos públicos capaz de sostener la actividad durante todo el año.

La feria reunió propuestas de distintas generaciones y lenguajes. En los stands, el intercambio entre artistas, galeristas y coleccionistas dio cuenta de un mercado con diferentes escalas y formas de participación.

 

Una conversación que recién empieza

El regreso a La Rural, las adquisiciones de museos internacionales y los recorridos por colecciones, talleres y galerías muestran que Arteba continúa ampliando su radio de acción. La feria no solo reúne una oferta artística: también construye una plataforma de encuentros que conecta a Buenos Aires con profesionales y coleccionistas de otras geografías.

La presencia de instituciones internacionales en el programa de adquisiciones es un avance concreto y una oportunidad para seguir fortaleciendo los vínculos con otras escenas. La llegada de más compradores y galerías extranjeras forma parte de ese horizonte de crecimiento. Ambas dimensiones se complementan y dan cuenta de un proceso que se construye edición tras edición.

Después de 35 ediciones, Arteba tiene una historia y una identidad reconocibles dentro del calendario cultural de la región. El desafío está en proyectarlas sin perder de vista la escena que las sostiene: sus artistas, sus galerías, sus colecciones y esos espacios que, muchas veces lejos de los grandes focos, siguen produciendo conversaciones decisivas.

Cuando termina la feria, las obras ya tienen nuevos destinos, los visitantes regresan a sus ciudades y La Rural recupera su ritmo habitual. Buenos Aires, en cambio, conserva algo de ese movimiento: los contactos, las visitas pendientes, las conversaciones que continúan y la posibilidad de que una próxima llegada al país ya no sea solamente para recorrer Arteba, sino para volver a encontrarse con todo lo que sucede alrededor.

 

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