Foto de portada: Un hogar para lo sensible, Cassia House en Al Hueso
Por Pedro Fruttero Moreno
Con 28 galerías y proyectos de cinco países, entradas a 10.000 pesos argentinos y una convocatoria multitudinaria, la primera edición de la feria de arte Al Hueso, en Buenos Aires, Argentina, dejó una pregunta abierta: ¿por qué acercarse al arte todavía puede sentirse como entrar a un lugar al que no fuimos invitados?Durante tres días, miles de personas recorrieron un edificio habitado de Chacarita donde el arte apareció entre dormitorios, mesas servidas y conversaciones.
Del 30 de octubre al 1 de noviembre de 2026, Al Hueso, impulsada por TACHA, ocupó un edificio de doce departamentos en Humboldt 1271, en la ciudad de Buenos Aires. A lo largo de cuatro pisos, las galerías desplegaron exhibiciones que dialogaban con la arquitectura de cada ambiente. Participaron propuestas de Argentina, Uruguay, Chile, España y Suiza, reunidas en un encuentro que se alejaba de los pabellones y los stands habituales.
El balance dejó también un dato alentador: todas las galerías participantes vendieron obras y, en algunas, todos los artistas exhibidos encontraron compradores, entre coleccionistas habituales y personas que se acercaban por primera vez a una feria. Sin embargo, lo que distinguió a esta edición fue la posibilidad de experimentar el arte de manera cercana, sin la solemnidad que muchas veces rodea a sus circuitos.
Feria Al Hueso, en el barrio de Chacarita, Buenos Aires.
Un departamento se recorre de otra manera. Hay puertas que se abren, rincones inesperados y objetos que conservan señales de la vida cotidiana. En Al Hueso, las obras aparecían entre camas, cocinas y comedores; cada galería construyó una atmósfera propia. El recorrido invitaba a detenerse, mirar de cerca y conversar sin la sensación de estar interrumpiendo algo reservado a especialistas.
En varios departamentos, además, artistas y participantes se alojaron durante los días de feria. Esa convivencia hizo que las exhibiciones tuvieran algo de espacio vivido: los objetos, la disposición de las obras y la presencia de quienes las presentaban formaban parte de una misma experiencia. La distancia entre quienes hacen arte y quienes van a descubrirlo se volvía mucho más corta.
La coincidencia con arteba puso de relieve una discusión que atraviesa a la escena: los costos, las jerarquías y las dificultades para que nuevos proyectos y públicos encuentren su lugar. En lugar de reproducir los códigos de los grandes encuentros, Al Hueso ensayó otra escala, con una entrada económica y una relación menos ceremoniosa entre galerías, artistas y visitantes. Su apuesta fue tan simple como significativa: hacer lugar a quienes todavía se sienten afuera.
Más allá de las exhibiciones, Al Hueso también fue una oportunidad para que iniciativas independientes trabajaran juntas. Entre ellas estuvo VoyVeo, una aplicación nacida en el circuito de galerías de Buenos Aires, a través de la cual se gestionaron las entradas a la feria. La colaboración reunió proyectos que, desde lugares distintos, comparten una inquietud: cómo acercar las artes visuales a quienes todavía no frecuentan sus espacios y hacer que nuevas propuestas encuentren otros públicos.
Mapa de instituciones y recorrido de VoyVeo, aplicación que gestiona las entradas a la feria Al Hueso
Estas conexiones importan porque el encuentro con el arte empieza mucho antes de llegar a una sala: alguien tiene que enterarse de que una muestra existe, saber dónde encontrarla y sentir que puede entrar. Una feria que convierte departamentos en lugares de encuentro y una plataforma que hace visibles galerías y museos se fortalecen mutuamente. En esa colaboración aparece una forma de construir una escena más cercana, con más oportunidades de participar.
Quizás ahí estuvo el gesto más desafiante de Al Hueso. El elitismo en el arte suele aparecer en pequeños códigos: el temor a hacer una pregunta, la idea de que hay que conocer nombres de antemano o la impresión de que determinados lugares están destinados a los mismos de siempre. La curiosidad no debería exigir credenciales. Una feria en la que se puede mirar, detenerse y conversar con naturalidad ayuda a cuestionar esas barreras sin necesidad de convertir el encuentro en una consigna.
Al Hueso cerró su primera edición con miles de visitantes y nuevos vínculos entre galerías, artistas y públicos. Tras esta convocatoria, la feria regresará en la primavera de 2027 con una segunda edición. Dejó abierta la posibilidad de pensar ferias más cercanas, capaces de hacer convivir propuestas artísticas muy distintas y de recibir a personas que aún no forman parte de sus circuitos. Tal vez su resultado más importante sea ese: que más personas descubran que el mundo del arte también les pertenece.
*Pedro Fruttero es el director de la galería Cassia House @cassiahouseart