Por Redacción Be Cult
Hay historias que parecen improbables hasta que suceden. Yann Gaslain es francés, bioquímico de formación y CEO de un laboratorio dedicado a la investigación de la salud femenina, pero hoy su vida gira en torno a la música. Desde Barcelona, donde reside hace más de 20 años, ha creado y construido Soulcare, su banda de jazz refinado que viaja sin fronteras: jazz, tango, candombe, bossa, pop y chanson francesa conviven en un mismo universo sonoro.
Lo más curioso es cómo un francés llegó a enamorarse profundamente de la música rioplatense, tejiendo puentes entre culturas a través de la interpretación y la colaboración. De eso charló con Be Cult.
¿Cómo comenzó tu vínculo con la música rioplatense?
Nací en Francia, en un país donde la chanson, el jazz manouche y la tradición impresionista forman parte del paisaje sonoro cotidiano. Pero mi historia con la música rioplatense no empezó en el Río de la Plata: empezó mucho antes, como una intuición, como una llamada interior.
De adolescente, mientras estudiaba piano, armonía y canto, me fascinaban los colores melancólicos, las melodías que parecían sonreír con una lágrima en los ojos. Esa mezcla de nostalgia y elegancia la encontraba en la música francesa. Y un día la descubrí también en el tango. Fue una revelación. Sentí que había una continuidad invisible entre esos mundos.
Francia y el Río de la Plata parecen mundos muy distintos, ¿cómo los conectás?
Francia y el Río de la Plata están más entrelazados de lo que parece. Carlos Gardel nació en Francia antes de convertirse en el símbolo absoluto de Buenos Aires. Astor Piazzolla estudió en París con Nadia Boulanger, quien lo animó a abrazar su identidad profunda y transformar el tango desde adentro. El propio bandoneón, alma sonora del tango, es un instrumento europeo que encontró su destino final en el sur de América.
Cuando entendí esos puentes, comprendí que mi propio camino también podía estar ahí: en ese cruce de aguas, entre Europa y el Río de la Plata.
¿Qué impresión te dejó tu primer viaje a Buenos Aires y Montevideo?
Mi primer viaje a Buenos Aires fue decisivo. Llegué por Puerto Madero, la antigua puerta de los migrantes que llegaban con sueños, incertidumbres y una nueva identidad por construir. Sentí que la ciudad vibraba con una intensidad muy particular, como si todavía guardara la memoria de todas esas historias de partida y de llegada. El tango no era solo un género musical: era una forma de estar en el mundo. La manera de frasear, de sostener un silencio, de darle espacio a la emoción sin exagerarla. Todo eso me resultaba profundamente cercano.
Luego vino Montevideo, con el candombe y esa pulsación ancestral que conecta con África, con la calle, con el cuerpo. Hubo un momento muy especial: cuando Rubén Rada, gran referente del candombe moderno, escuchó el candombe que compusimos. Me dijo que la interpretación en francés le daba otro significado, más suave, otra textura emocional. Y agregó que le encantaba que los franceses pudieran descubrir el candombe desde esa perspectiva.
Para mí, ese gesto fue enorme. No solo por lo que representa Rada en la historia de esta música, sino porque simboliza lo que busco con Soulcare: un intercambio real, respetuoso, donde la tradición no se diluye, sino que se expande.
¿Por qué elegiste trabajar con músicos argentinos y uruguayos?
Porque esta música no se aprende solo en los conservatorios: se respira. Se vive en los barrios, en los clubes de jazz, en las milongas, en las llamadas de candombe. Trabajar con músicos de esta región es una forma de honrar la autenticidad del lenguaje. No se trata de apropiarse de un estilo, sino de dialogar con él.
En el proyecto Alma del Sur, la intención no es reproducir un folklore, sino crear un puente vivo. Cuando mezclamos jazz, tango, candombe y bossa, no lo hacemos como collage, sino como conversación. Cada músico aporta su historia, su acento, su memoria. Yo aporto la mía: mi formación francesa, mi relación con la armonía europea, mi sensibilidad como compositor y cantante.
En el proyecto Alma del Sur, la intención no es reproducir un folklore, sino crear un puente vivo. Cuando mezclamos jazz, tango, candombe y bossa, no lo hacemos como collage, sino como conversación. Cada músico aporta su historia, su acento, su memoria. Yo aporto la mía: mi formación francesa, mi relación con la armonía europea, mi sensibilidad como compositor y cantante.
Hay algo profundamente rioplatense en la idea de exilio y pertenencia. Carlos Gardel encarna eso: nacido en Francia, convertido en mito argentino. Esa historia me conmueve porque habla de identidad elegida. De cómo uno puede pertenecer más allá del lugar de nacimiento.
¿Qué significa presentar Alma del Sur en Buenos Aires?
La elección de presentar Alma del Sur en Buenos Aires no es casual. Es volver a la fuente. Es compartir esta historia en el lugar donde todo cobró sentido. Ser francés me dio una formación, una tradición. Pero el Río de la Plata me dio una segunda respiración. Y Soulcare es el resultado de ese cruce: una música que navega entre orillas, que acepta la melancolía como belleza, que transforma la distancia en encuentro.
Al final, no se trata de geografía, sino de vibración. Y en esa vibración compartida es donde nace el verdadero hogar.
RECUADRO 1
Un single con sello gardeliano
El nuevo single, compuesto por Rodrigo Pahlen y Yann Gaslain, toma como figura central a Carlos Gardel para abordar una reflexión sobre la identidad y la pertenencia. Nacido en Francia y convertido en símbolo mayor de Buenos Aires, Gardel funciona como punto de cruce entre origen europeo y arraigo rioplatense.
“Carlos Gardel, el Porteño” propone un tango contemporáneo, con una escritura melódica actual y una producción que integra cuarteto de cuerdas, sección rítmica y una interpretación vocal contenida, más cercana a la canción que al dramatismo tradicional. El tema fue grabado en Buenos Aires (en el estudio de Hernán Jacinto) y parcialmente en Barcelona, reforzando el carácter transatlántico del proyecto.
Participan en la grabación Hernán Romero (guitarra), Martín Laportilla (bajo), Mariano “Tiki” Cantero (batería) y Andrea Amador (violoncello y dirección de cuerdas). La mezcla y mastering estuvieron a cargo de Patrick Petruchelli. También se suman Andrea Amador y su cuarteto de cuerdas. Dirige y produce Rodrigo Pahlen, pianista y productor musical de Soulcare. Juntos componen todas las canciones de alma del sur.
Nació en París en 1972. Cantante y productor francés radicado en Barcelona desde hace más de dos décadas. Fundador de Soulcare, ha desarrollado un proyecto centrado en el jazz contemporáneo y la canción con proyección internacional. Ha colaborado con músicos como Richard Bona, Rubén Rada, Mino Cinelu, Hernán Jacinto y Gabriel Grossi, entre otros. Su trabajo vocal se caracteriza por un enfoque interpretativo sobrio y trilingüe (francés, español e inglés), con fuerte impronta narrativa.