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Yo viví toda mi vida en colores

Por Susana Reinoso

Fotos: Archivo Marta Minujín

“Pandemia”, se llamará la obra que la artista argentina, Marta Minujín, leyenda viva del arte pop internacional, crea en cuarentena, un cuadro gigante que parte del color negro, atraviesa toda la gama del gris y llega al blanco. Mide 2,70 m por 2,20 m y trabajará en él durante 5 meses, adelantó en entrevista con Be Cult.

Marta Minujín es una leyenda viva a nivel mundial del arte pop. Es una representante del arte contemporáneo antes de que la contemporaneidad se manifestara en instalaciones y site specifics y arte efímero. Cuando dice que después de los 60 dejaron de existir las corrientes artísticas es absolutamente sincera. Expresa lo que piensa sin filtros. A los 78 años puede confesar que ha vivido y sigue viviendo en el arte.

Ella fue vanguardia cuando todavía las vanguardias no asumían su significado actual. Si Christo la envolvió en una sábana mientras Marta quemaba pinturas y colchones en las calles de París, Warhol le abrió Nueva York mientras ella llegaba a la cita en poncho y patines. La amistad con ambos se dio con esa naturalidad con la que los artistas que tienen búsquedas semejantes se encuentran en la vida.

Siempre supo que quería ser artista. Como ella misma lo ha dicho muchas veces se creía Van Gogh. A los siete años, ante la mirada horrorizada de sus padres que pensaban “que estaba loca” y que “era la oveja negra” de la familia, declaró que cumpliría su sueño. Año más tarde cuando ya había aprobado el ingreso a Bellas Artes con un diez, y cursado cuatro años, voló desde Buenos Aires a París con una beca de la embajada de Francia.

Muchas veces ha contado que en esa época prefería dormir en galpones sin agua ni calefacción con tal de poder expresarse a través del arte, “porque hacía lo que sentía. Por ejemplo juntaba colchones tirados en la calle para hacer mis obras. En los colchones transcurre el 50% de nuestras vidas. Uno puede imaginar a Marta Minujin, alta y flaca, aún construyéndose a sí misma como artista, arrastrando colchones por las calles de París para hacer una instalación efímera.

Andy Warhol y Marta Minujín. Be Cull. Revista Be Cult.

Andy Warhol y Marta Minujín

Christo la envolvió en una sábana mientras Marta quemaba pinturas y colchones en las calles de París, Warhol le abrió Nueva York mientras ella llegaba a la cita en poncho y patines.

La artista argentina ganó 17 becas antes de vender a los 40 años su primera escultura y dispararse su carrera hacia una fama que desde entonces nunca la ha abandonado.

Sin dudas, entendió el rol de los medios de masas antes de que los medios recogieran los frutos. En muchos de sus posteriores trabajos, tras abandonar la pintura, la artista argentina se ha embarcado en búsquedas moduladas por el uso de complejos dispositivos mediáticos. Sus expresiones buscaron de alguna manera esa masividad popular.

Con “la virulenta quema de sus pinturas en las calles parisinas a comienzos de los años 60, Marta Minujin comenzó a explorar el valor simbólico de las imágenes mediatizadas en el mundo contemporáneo y su malestar perceptual en el individuo”, tal como escribe la actual directora del Malba, la venezolana Gabriela Rangel, en el libro color rosa chicle titulado “Marta Minujin”, publicado en 2015.

Según Rangel, operando a partir del happening y revirtiendo las estrategias de ese género híbrido hacia la observación de los efectos alienantes de los medios masivos, Minujín irrumpió como una figura clave para el desarrollo de un conjunto de ambientaciones que concitaron la participación masiva de gente expuesta a esos medios. Y cita “Minucode” producido en la Galería del Center for Inter American Relations, en Nueva York, en mayo de 1968, posterior a “Simultaneidad en Simultaneidad”, realizado en el Instituto Di Tella en 1966, con la colaboración de Allan Kaprow y Wolf Vostell, y a “Circuit”, presentado en el Pabellón de la Juventud en la Feria Expo Montreal 67, obras todas con las que la artista desvió los patrones perceptivos que modelan los medios masivos en la construcción de la identidad individual y colectiva.

Cuando en 1965 Minujín hizo La Menesunda en Buenos Aires fue muy de vanguardia. “La gente llegaba a un lugar adonde había televisión, se veían a sí mismas en circuito cerrado y mezcladas con los noticieros en blanco y negro. Y había un túnel de neón que era la representación de la calle Lavalle. La Menesunda era una expresión de lo que era Buenos Aires. Soy de Buenos Aires y amo a la gente, lo popular y lo espontáneo”, recuerda la artista.

El año pasado volvió a Estados Unidos, a la Gran Manzana, con La Menesunda, que en el New Museum se convirtió en una exposición multisensorial de once situaciones donde la gente podía vivir transformaciones distintas a las que, un tiempo antes, provocaba la instalación realizada en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. “Ahora se dan cuenta que fui una pionera”, dice Marta desde su casa, en cuarentena y preocupada por el futuro, no propio, sino el de sus nietos.

En 2017, para Documenta 14, en Kassel, Alemania, el must de los encuentros vanguardistas del arte contemporáneo, Minujín recreó su Partenón de Libros con títulos prohibidos en todo el mundo, donados por los países que quisieron hacerlo. De la Argentina llevó cinco mil libros que la gente regaló y tenía que llegar a los 70 mil. Kassel, como otras ciudades alemanas, quedó destruida después de la Segunda Guerra Mundial. En El Partenón que hizo en Buenos Aires -símbolo de la primavera democrática en 1985- la artista utilizó libros prohibidos durante la dictadura militar. Entonces fueron 30 mil libros que se habían salvado de los escondites donde fueron a parar para salvarse del fuego.

Marta Minujín. Revista Be Cult. Revista Becult.

La Escultura de los Deseos

Semanas antes de la apertura de Documenta 14 en Kassel, en el Museo de Arte Contemporáneo de Atenas, a Marta se le ocurrió pagar la deuda externa de Grecia a una doble de Angela Merkel, con aceitunas negras y verdes, el producto nacional de ese país. Reemplazó así los choclos con los que le había pagado a Andy Warhol la deuda argentina 40 años antes. Arte y manifiesto, la constante en su obra.

Siempre vestida con sus enteritos flúo, sus botas floreadas y sus lentes que son parte de su personalidad, lo popular y lo culto conviven en Marta Minujín con la naturalidad de quien se emociona con la ópera Turandot en el porteño Teatro Colón y luego sale a comer un choripán en un carrito de la Costanera. O de la mujer-artista que una noche en la Feria del Libro de Buenos Aires ante un público diferente pintó rayuelas fluorescentes al son de un saxo con música de jazz. Lo mismo que replicó en París, con la presencia de la alcalde de esa ciudad.

Cuando celebró sus 70 años (hoy Marta tiene 78) hizo una boda divertidísima y simulada junto a su amigo, el también artista argentino Rogelio Polesello, fallecido un año más tarde. Fue en el Malba, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aire fundado por Eduardo Costantini. La Andy Warhol argentina celebraba además sus 50 años con el arte. Llegó en un mateo blanco y precedida de mujeres vestidas con pelucas rubias y anteojos de aviador, ante una multitud.

Hoy cuando BeCult le pregunta por teléfono a la artista cómo transcurre su vida en cuarentena y en qué está trabajando, Marta no duda en seguir siendo espontánea y defendiendo su bien más preciado: la libertad. “Me siento horrible, nunca pensé en un avance sobre mi persona y mi libertad de esta forma. El mundo se volvió totalitario por un virus incierto. Todo lo que llega de afuera son malas noticias y lo siento como una catástrofe. Sobre todo por la cantidad de gente que se ha infectado, y también por el resurgimiento de ciertos temas como el racismo. No estamos viviendo un presente agradable”.

Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en el catálogo razonado “Marta Minujín. Obras 1959-1989” del Malba, escribió: “Marta es y no es todo lo que creemos que es. Marta es libertad, vorágine, exceso, egocentrismo, fiesta, pura creatividad y locura, y asimismo, contrariamente a lo que quizás imaginaríamos, Marta es, también, método, precisión, rigor, resistencia, generosidad y espíritu crítico, así como una autogestora de proyectos artísticos como no ha visto la Argentina”.

No obstante está trabajando en su taller, un espacio hecho a su medida, y sigue proyectando ya para el año próximo. “Estoy trabajando junto a mis tres colaboradores en un cuadro gigante todo negro que atraviesa toda la gama del gris y llega al blanco. Tiene 2,70 m por 2,20 m y me llevará cinco meses. Primero se pinta una tela con rayas muy finitas, se las corta y luego las pego como mi cabeza me va indicando, en una variación de siete colores. Se va a llamar “Pandemia”, por supuesto. Yo viví toda mi vida en colores”, anticipa a BeCult.

Marta tiene la impresión que en la nueva normalidad y con la amenaza concreta del Covid 19, a cuya existencia hay que adaptarse hasta la aparición de una vacuna, “los museos podrían volver a épocas pasadas cuando recibían poca gente y tampoco existían las ferias de arte”.

No se ahorra críticas al mercado del arte esta artista reconocida internacionalmente: “Creo que llegó a extremos exagerados, con precios distorsionados y esto también va a desaparecer”, dice y vuelve a su obra pictórica actual: “Quiero que sea un cuadro negro psicodélico para que dé la sensación de movimiento. Es la única obra en negro de mi vida”.

Marta Minujín. Revista Be Cult. Revista Becult.

Calcula que para noviembre “Pandemia” estará listo, tras muchas horas de trabajo. Mientras trabaja en la obra, crea ya la muestra antológica que tendrá lugar en 2022 en el Museo Judío de Nueva York, donde se embarcará otra vez en “los mitos universales caídos”. Por eso creará una Estatua de la Libertad acostada (de 50 m por 17 m), hecha de hamburguesas de plástico, y espera que la gente pueda canjear cada una de ellas –cuando la obra se desarme- por hamburguesas verdaderas, si consigue un acuerdo con una reconocida marca de comida rápida en Nueva York.

La obra sigue el curso de los lobos marinos falsos de Mar del Plata, que Marta recreó con los envoltorios de los alfajores más reconocidos del mercado argentino y que brillaban a la entrada del MAR (el Museo de Arte Contemporáneo).

La vida actual de Marta Minujín transcurre entre su casa y su atelier al que acude todos los días con un permiso especial para circular: “Nuestra pérdida de libertad es terrible”, reflexiona como para sí misma. Y dice que el arte tiene una parte muy divertida que son las inauguraciones. “A mí no me interesan mucho las ferias. Desde el arte nunca pensé en vender porque gané muchas becas y la idea romántica del arte se pierde con las ferias”, subraya; con las becas ganadas no me importaba vender. Yo me creía van Gogh”.

Con su energía vital se hizo cargo, a comienzos de junio, de la cuenta de Instagram del Malba para documentar distintos momentos de su carrera. “Takeover con Marta Minujín” se tituló su performance digital. En el “mientras tanto” su instalación La Menesunda, que tendrá lugar en la Tate Liverpool, se trasladó para abril de 2021. “Yo fue hippie y también hice cuadros eróticos. Mi obra es de los años 60, de modo que va perfecta para Liverpool de la que salieron Los Beatles –dice a BeCult-; será una puesta distinta a la del Moderno de Buenos Aires y la del New Museum de Nueva York.”

También para abril de 2021 está planeando con la Fundación Santander un mapping de todos sus colchones con una cabeza gigante que tendrá una computadora. Quizá para registrar estos tiempos de exacerbada cultura digital.

“Siento que este es un año perdido para vivir y ser feliz. Por suerte el arte me salva. Y tampoco vivo este tiempo como aprendizaje. No aprendés nada. Lo primero que haré cuando salga de la cuarentena será respirar e ir a un café. Mejor no pensarlo”, reflexiona.