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Lucrecia Cardoso: Cultura argentina con todos y hacia el bien común

Por Claribel Terré Morell Esteban De Gori

No elude ninguna pregunta, Lucrecia Cardoso, Secretaria de Desarrollo Cultural y una de las representantes más importantes del Ministerio de Cultura de Argentina, encabezado por Tristán Bauer. Es una mujer que sabe de gestión en políticas públicas y es también una dirigente política que no niega su historia. Entre la comprensión de la circunstancia y la realidad, transcurre esta entrevista.

La Secretaría de Desarrollo Cultural bajo su mando incluye cuatro direcciones nacionales, la Dirección Nacional de Innovación Cultural, la Dirección Nacional de Industrias Culturales, la Dirección Nacional de Integración Federal y Cooperación Internacional y la Dirección Nacional de Promoción de Proyectos Culturales.

Licenciada en Ciencias Políticas de la UBA, inició su trayectoria en el gabinete de Cancillería argentina en el 2003. Fue presidenta del INCAA entre 2014 y 2015 donde antes tuvo a su cargo la Gerencia de Acción Federal y donde también fue Vicepresidenta

Habla de la situación y la importancia de los trabajadores de la cultura, de un futuro híbrido, de la complejidad del cambio y de la necesidad que las transformaciones positivas queden para siempre. Defiende los mecanismos institucionales frente a las señales apocalípticas. Repite varias veces una misma frase “hacia el bien común”. Se detiene en la palabra digital y afirma que el viraje hacia la digitalización es definitivo y se mantendrá más allá de la cuarentena y el aislamiento, algo que ya viene investigando desde hace un tiempo: fue Directora Ejecutiva del Observatorio del Sector Audiovisual e Infocomunicaciones y es una de las compiladoras del libro “Políticas y producción audiovisual en la era digital en América Latina”

Una primera pregunta se impone: ¿Hay una comprensión real en el Ministerio de Cultura y en el país sobre la terrible batalla por la supervivencia en la que están hoy los trabajadores de la cultura en Argentina?

Sí. Estamos transitando un camino difícil en todos los sectores, pero con un Estado presente y trabajando juntos. La propagación del virus conlleva, efectos económicos, sociales, desencadena miedos, interrogantes y expectativas también en el sector de la cultura que fue uno de los primeros en cerrar los lugares físicos y será uno de los últimos en abrir. Teniendo en cuenta que la pandemia comenzó al inicio de nuestro gobierno y que, antes de ella, en la cultura, no andaba todo bien, ni mucho menos, tuvimos que pensar, trabajar, en medio de circunstancias únicas y lo hicimos y lo estamos haciendo, todo el tiempo, a toda hora. Estamos trabajando para que en lugar de simplemente recuperarnos y volver a como estábamos antes, los cambios positivos sean para siempre.

Al Ministerio de Cultura llegamos todos, desde un inicio, con buenas ideas para una mejor organización de sus trabajadores. Estamos hablando de un sector con mucha informalidad y mucho trabajo temporal o precario. Las circunstancias impredecibles, nos obligaron sobre la marcha a imaginar un futuro híbrido, con acciones en tiempo real que incluyen nuevos lenguajes, nuevas tecnologías, un nuevo público que desafía toda clasificación y que, a la vez, sitúa el papel de los agentes culturales, sea cual sea su radio de acción, en un momento único de singular importancia porque el trabajo continúa, hay miles de ejemplos de lo que se está haciendo hoy, y va a continuar. Habrá una vuelta a los espacios enseguida que se pueda, con protocolos, con medidas. La cultura nunca se detiene. Hay dos momentos, uno de contener y uno de promover, que vendrá con la apertura post-pandemia.

Sabemos de la situación, de todas las dificultades. Nosotros venimos de una tradición política que construye a la par de nuestro pueblo. Es lo que hicimos estos meses, trabajar a la par de todos los sindicatos, las organizaciones, las cámaras y los gobiernos provinciales para, primero, acompañar y contener a los trabajadores de la cultura. En este sentido, trabajamos complementando las políticas universales del Gobierno, como el IFE o los ATP, con políticas específicas sectoriales, para llegar a quienes, por las particularidades del trabajador de la cultura, no pudieron acceder.

Luego, estamos trabajando en la generación de iniciativas para conectar la Cultura Nacional con nuestras audiencias, en esta lógica digital que re-ordenó los consumos culturales desde hace algunos años y que la pandemia aceleró. En este sentido, creo que es importante diseñar políticas de mediano y largo plazo, que permitan a futuro proyectar el crecimiento de los distintos sectores de las industrias culturales. A la par estamos desarrollando iniciativas para favorecer a las actividades que más trabajo y más divisas generan, aportando soluciones a la salida de la pandemia.

Hay dos momentos, uno de contener y uno de promover, que vendrá con la apertura post-pandemia.

¿Podría decirnos algunas de las iniciativas de impacto socio-cultural comunitario que en su experiencia son fáciles de implementar en contextos difíciles?

El impacto de la pandemia en relación a la generación de bienes y servicios culturales nos impulsó a trabajar en políticas sectoriales que permitan evitar el derrumbe de las empresas, trabajadores de la cultura y artistas. Por ejemplo, junto a ANSES y el Fondo Nacional de las Artes lanzamos las becas Sostener Cultura II, que es un fondo de 450 millones de pesos destinados a trabajadores de la cultura y artistas que por las condiciones propias del trabajo cultural no pudieron acceder al IFE, pero que no obstante, su actividad se encuentra interrumpida y sin ingresos. También lanzamos el Fondo Desarrollar, 60 millones de pesos destinados a centros culturales y artísticos de todo el país, espacios que tuvieron que interrumpir su actividad totalmente. También generamos programas destinados a las Provincias en conjunto con el Consejo Federal de Cultura, que está conformado por las máximas autoridades de cultura de cada una de las 23 Provincias y CABA. Cultura Argentina en casa y Músicas Esenciales son los programas que ejecutamos para llegar a los artistas de todo el país. Acá me gustaría destacar algo importante, que es el trabajo de los Gobiernos Provinciales que ejecutaron una batería de políticas destinadas al sector y acompañan diariamente a los artistas y trabajadores.

También hay convocatorias destinadas a colectivos y organizaciones sociales (puntos de cultura), a teatros desde el INT (Plan Podestá), al sector del libro a través de CONABIP, a músicos a través del INAMU. En total son más de 800 millones destinados al sector de la cultura.

-De todos los programas ¿Cuál valora más importante?

Todos son importantes porque apuntan a un actor particular con las características concretas y el estado que cada uno atraviesa. Algo muy importante es la articulación entre las distintas áreas del Estado. Estamos trabajando conjuntamente con los Ministerios de Economía, de Desarrollo Productivo, de Salud, de Relaciones Exteriores, ANSES, AFIP y otros tantos más. Porque entendemos que debemos tener una mirada integral y soluciones globales a problemas tan complejos como los que atañen al Sector de la Cultura.

Estoy convencida de que la sinergia y la articulación generan la posibilidad de salir delante de una situación tan compleja como la que nos toca vivir.

Estamos trabajando para que en lugar de simplemente recuperarnos y volver a como estábamos antes, los cambios positivos sean para siempre.

En el mundo, la cultura no suele tener un papel central en la agenda de los políticos. El apoyo de las administraciones públicas a la industria cultural no es el esperado. El gasto en cultura es visto por los consumidores como superfluo, de modo que prescinden de él en caso de crisis. ¿Qué le provocan estas palabras en la situación actual?

Creo que la mirada sobre la cultura está asociada a las ideas y al proyecto de país desde el que se mira. Para nosotros es inversión y no gasto, para nosotros está asociado a los derechos humanos, a la diversidad cultural como un convencimiento de que ahí están nuestras ventajas comparativas y el verdadero talento que podemos compartir con el resto de la sociedad y con el mundo.

El rol del Estado históricamente vinculado al acompañamiento del ejercicio de estos derechos encuentra una oportunidad en el ecosistema digital para robustecer una matriz económica que genera empleo y divisas. A su vez, y vinculado con la situación actual, el Ministro Tristán Bauer le imprime a la gestión un aspecto relevante en la construcción de sentido, por eso nos habla de la cultura de la solidaridad, de la cultura del cuidado, por eso pone en el centro acciones como la de transformar a Tecnópolis en un Centro Sanitario para pacientes leves.

“Políticas y producción audiovisual en la era digital en América Latina”, el libro del cual es una de las compiladoras, podría considerarse de cierta manera premonitorio al tocar temas que tienen que ver con el mundo digital, hoy convertido casi en escenario natural. ¿Cómo impactó la crisis en los consumos culturales digitales? ¿Qué se mantuvo o que se modificó en los consumidores? ¿Están trabajando en medidas o protocolos futuros que legislen?

La crisis impactó acelerando un proceso a favor de los consumos culturales digitales, que son los únicos habilitados en estas medidas de distanciamiento social preventivo que adoptamos para enfrentar la pandemia. Esto genera una parálisis en el sector de los consumos culturales tradicionales, en especial aquellos que se estructuran a través de la presencialidad, como por ejemplo recitales, obras de teatro, cine, museos, galerías de arte, entre otros. Además pone a los Gobiernos ante la responsabilidad de pensar junto al sector la importancia de que contenidos de producción Nacional ocupen las plataformas y las pantallas que hoy organizan los consumos digitales culturales.

En relación a la sociedad, es decir los consumidores, genera una brecha entre los que tienen acceso a internet y a plataformas que ofertan contenidos culturales y de entretenimiento y los que no. La brecha digital que se acentúa entre quienes hoy pueden o no acceder a la educación a distancia también deja en evidencia esta asimetría.

Estamos trabajando conjuntamente con la Superintendencia de Riesgos de Trabajo y las cámaras y asociaciones de cada sector de las industrias culturales en la construcción de protocolos para la vuelta de algunas actividades concretas, ya hay algunos, como lo es la actividad musical sin público. Es un trabajo importante que reúne a todos los actores necesarios, involucrando también a los Gobiernos Provinciales ya que según la fase en la que la Provincia se encuentre es factible de operativizarse o no. También estamos trabajando en futuras herramientas financieras que permitan a los sectores reactivarse en el retorno a las actividades.

La mirada sobre la cultura está asociada a las ideas y al proyecto de país desde el que se mira.

¿Le molesta el término “industria” para definir la cultura? ¿Cree que es imposible pensar en proyectos culturales “sostenibles” sin trabajar para estructurar un mercado que los cobije?

A la hora de pensar políticas públicas, tenemos que ser claros en ese aspecto. Hay políticas orientadas a la promoción de las industrias culturales y eso se desarrolla en clave económica. Nosotros trabajamos fuertemente con las empresas del sector para mejorar su competitividad y su inserción internacional, pero no podemos reducir la cultura al análisis económico de la cultura, aunque es un aspecto que nos interesa especialmente y que venimos a fortalecer.

Hay otros como la articulación federal, el trabajo en redes, el encuentro de las comunidades con sus creadores, los festejos y celebraciones, nuestras tradiciones, el mismo hecho de la creación artística, que no se rigen por la lógica económica y que también venimos a celebrar y a acompañar.

Ambas miradas son requerimiento indispensable para pensar integralmente el mejor lugar del Estado en la promoción de la cultura.

¿Qué puede hacer la cultura ante la crisis y ante lo que ella promueve como el miedo, la soledad y la incertidumbre y, también ante la necesidad de la convivencia pacífica, la tolerancia y la solidaridad?

Somos una sociedad profundamente democrática, pacífica y solidaria. En los últimos 40 años y en especial en esta pandemia han predominado las conductas solidarias, el cuidado del otro y el trabajo común. Nosotros claramente trabajamos para fortalecer la cultura de la democracia, de la participación, de la paz, de la diversidad, de la solidaridad, del Estado presente y promotor del desarrollo.

¿Cómo cree que influirá el distanciamiento social en la utilización del espacio público en actividades culturales y de recreación en los tiempos de nueva normalidad? Y ¿De qué manera están trabajando en ir más allá del paradigma de cultura como un asunto solo de expertos culturales?

El distanciamiento social como manera de cuidarnos ante estas nuevas enfermedades poco conocidas vino para generar nuevas prácticas sociales en las que lo primero es el cuidado de la vida y de la salud. Para eso estamos generando consensos alrededor de los nuevos protocolos para trabajar en estas situaciones extraordinarias, garantizando el mayor cuidado posible de la salud de los trabajadores de la cultura.

El teletrabajo y las nuevas tecnologías son herramientas que tenemos que incorporar con mucho compromiso respecto de la calidad del trabajo y de respetar y acompañar los procesos creativos, entendiendo que, si no logramos anteponer el cuidado de la salud, nunca vamos a lograr un mínimo de estabilidad organizacional ni económica. Esto requiere del compromiso de todas las partes y de la responsabilidad, que en general es lo que vemos en cada reunión y encuentro en los que participamos para establecer estos acuerdos.

Viene una sociedad más mediada por las tecnologías a la cual tenemos que anteponer más organización social, política y cultural para que nuestras identidades y nuestros valores como sociedad no se vean vulnerados.

Viene una sociedad más mediada por las tecnologías a la cual tenemos que anteponer más organización social, política y cultural para que nuestras identidades y nuestros valores como sociedad no se vean vulnerados.

Teniendo en cuenta que uno de los problemas eternizados por los que atraviesa la cultura argentina desde lo institucional es la incapacidad para comunicar lo que se hace y hacerlo bien, de manera que trascienda o todos se enteren ¿Están haciendo o pensando algo diferente en esta ocasión?

Alberto Fernández dice que no quiere ser el mejor Presidente, sino que quiere ser el Presidente de un mejor país. Nosotros pensamos lo mismo. No queremos ser la mejor gestión de cultura, sino ser la gestión que aporte mejoras significativas y estructurales para todos los hacedores de la cultura en Argentina. Eso lo hacemos trabajando día a día, con mucha vocación de servicio, apostando al diálogo y a los acuerdos.

¿Cómo se imagina las narrativas sociales en la producción cultural y visual post-pandemia?

Me cuesta mucho imaginar cómo la sociedad va a procesar esta experiencia. Confío que el optimismo, la esperanza y la alegría le ganen a la tristeza, a la resignación y al individualismo. Veo en todos los mensajes del Presidente y del Ministro de Cultura una real preocupación por mancomunar esfuerzos en una salida común a favor de las mayorías y confío que eso entusiasme y aliente a los trabajadores y a la comunidad.